Los empleos corresponden al ganador

No se juega con la comida ni con gasolina

El exempleado público que todavía no recibe sus prestaciones, grita. El compañero del PRM que aún no logra colocación, grita. Un país de Jeremías.

La situación no sería nada del otro mundo, ni preocuparía, si todo discurriera entre lloros, como velorio de pueblo.

El problema es que ahora se pasa del grito al hecho, del lloro a la protesta, y el Gobierno no dispone de medios para resolverles a unos y a otros.

Para acallar o enjuagar lágrimas.

La ley de la Administración Pública es un poco como la ley de los Combustibles, pensadas como panaceas, ahora resultan los peores tormentos.

Ambas iniciativas fueron buenas, y en su momento, oportunas. Solo que se olvidó lo principal: con política clientelista, los empleos corresponden al ganador.

No les pidan a las bases del oficialismo de ahora, lo que no les pidieron a las almohadillas del régimen anterior. Un solo mango y una única sartén.

Igual, no puede manejarse a discreción el precio de los carburantes en un país que no produce petróleo, o con un mercado tan cambiante como el internacional.

Atención, pues, Gobierno: con la comida no se juega, y menos con la gasolina.

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