Nada del otro mundo...

Cuando un agente en bicicleta resuelve

Todo lo que se haga a favor de la seguridad ciudadana merece aplausos. Es un problema que la población padece de manera diaria y cercana. En el barrio, por poco decir.

La delincuencia, además, es difícil de controlar, ya que se conoce el empeño de varias administraciones, y ninguna pudo cantar victoria.

El Cambio se enfoca, y habrá que cruzar los dedos, pues cuando se parte de cero, este puede ser más, pero, también, menos.

Los recursos están, y no siendo mezquinos, podría decirse que siempre han estado. Solo que no apropiado a las áreas cruciales.

Incluso, es posible que haya más medios para enfrentar el crimen de copete, que el raterismo que afecta de modo directo al ciudadano de a pie.

Las cintas que suben a las redes y que ejemplifican lo que ocurre en las calles, revelan que un individuo o dos en un motor dominan un sector.

No hacen falta –por tanto– ejércitos ni alta inteligencia, sino la correspondiente unidad de policía motorizada. Un motor que le gane la partida a otro motor.

Nada del otro mundo.

Los planes grandes siempre se quedaron grandes, cuando lo adecuado eran pequeños. A veces, un agente en bicicleta hace la diferencia.

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