Presupuesto cargado de veneno

Habrá que financiarlo en grande...

El presupuesto del año que viene, y que acaba de llegar a las cámaras, no es tan inocente como aparenta. Como el que no quiere la cosa, tiene un endoso malicioso.

La letra chiquita de los contratos de venta condicional, que nadie lee, sino cuando llega el acto de alguacil para devolver la nevera o el mueble a la tienda.

Un verdadero convoy de productos, o como se dice en el lenguaje de pulpero: un convoyage. Hay azúcar, pero como está escasa o no aparece, solo se vende al que también compre arroz y habichuela.

El presupuesto del 2016 no se basta por sí mismo, como tampoco el anterior, y así sucesivamente. Para caminar y llegar hasta el final del año necesitará de muletas.

Las muletas de los consabidos bonos, cuya suma en la ocasión será de 114 mil millones. Casi una bicoca, pero qué bicoca. Cuando se apruebe el monto global, incluirá ese crédito de 114 mil millones.

La advertencia vale, y tenerlo en cuenta mejor, pues llegado el momento sucederá lo de siempre, la protesta de la oposición, como si fuera iniciativa nueva y no estuviera contemplado en la pieza.

Así, que si van a gritar, empiecen ahora.