Quien no toma llamadas no se obliga...

Cada llamada implica un compromiso...

Difícil de aceptar, pero es la realidad.

El funcionario tiene la encomienda de llevar a cabo un trabajo, y ni el decreto ni la ley orgánica señalan que debe tomar llamadas.

Sin embargo, la primera falla, o queja o crítica es la de no coger el teléfono. Ni al compañero de partido, ni al amigo de antaño, e incluso al familiar. Y al extraño nunca.

La explicación en uso es que el cargo se le fue a la cabeza, y se dice –a manera de reprobación– que si así empieza, con seguridad terminará mal. Nadie entiende que el fulano antes no tenía empleo y que su tiempo lo mataba haciendo o recibiendo llamadas de gente igual de ociosa.

Pero que ahora tiene tareas, y que si las descuida, o distrae o dedica a chercha, pueden sorprenderlo con una destitución.

Tampoco se entiende que mengano conoce el amor y el interés, y que la felicitación por la designación no va sola, sino acompañada de una recomendación.

¿Cómo ser canchanchán de un ministro o director general y no beneficiarse o beneficiar a otros ? El untado es una especie de moda en estos días.

Los funcionarios tienen claro que comunicación que no se da, obligación que no se cumple.

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