Democracia, transparencia y crecimiento económico

La democracia dominicana en su evolución hacia la transparencia ha recorrido una accidentada historia política y social, intentando acoplarse a las expectativas nacionales. En este laboratorio político muchas de las pruebas han sido fallidas, y muy pocas exitosas.

La democracia ha sido reto permanente. Se ha puesto en duda, por sus pronunciadas altas y bajas. Múltiples explicaciones las relacionan a diversas causas. Para el ensayista dominicano del siglo XIX, José Ramón López, el subdesarrollo institucional y, por tanto, democrático del Estado dominicano dependía del grado de nutrición de su población, según expone en La Alimentación y la Raza. Algunos justifican nuestra precariedad democrática, en que el 87% de la historia dominicana ha sido bajo gobiernos autoritarios. Otros lo relacionan a la teoría de la arritmia histórica, propalada por el eximio pensador dominicano, Prof. Juan Bosch.

Multitud de otras tesis tratan de explicar los defectos de nuestra democracia a partir de lo que "no fue…", "no sucedió…"; pero la que podría ser más certera y convincente, por práctica, es la que esboza el norteamericano Walt Whitman Rostow, historiador de la economía y teórico político, en su obra Las Etapas del Crecimiento Económico: Un Manifiesto no Comunista. Rostow resalta que las sociedades pasan por etapas de crecimiento social y económico, y que dicho crecimiento es una precondición para el surgimiento de una sociedad capaz de sostener instituciones democráticas. Esto se podría explicar por aquello de que como lo material influye en lo síquico y en los hábitos conductuales, así del mismo modo lo económico influye en el desarrollo político e institucional. Este efecto progresivo del crecimiento económico en la evolución de las sociedades, es el esperado desde la perspectiva de la teoría de la modernización, que sostiene que la modernización socioeconómica es precondición de un proceso evolutivo de desarrollo político.

Estos efectos progresivos del crecimiento económico sobre la evolución de la democracia en Dominicana sólo ha sido posible sentirlos a partir del 1996, cuando un joven y capaz político nos introdujo en las estelas modernizantes. Vale reconocer que en 1978 inicia el período democrático de mayor estabilidad política, social e institucional, con su pico a partir del 1996, justo a raíz de la recomposición del escenario político dominicano, con el que se renueva el liderazgo político nacional para dar inicio a importantes reformas estructurales, tendentes a la modernización, lideradas por Leonel Fernández, a la sazón presidente de la República. Desde ese entonces, los parámetros de democracia no se limitan a la visión tradicional de las libertades públicas, como la que tenía el ciudadano dominicano en los 12 años de la "dictablanda" de Balaguer, al ser violadas por el aparato estatal dominicano, a través de la persecución y la represión selectiva de la oposición política y del terror difuso.

Al superar estas retrancas a la democracia, fruto de la denodada lucha de los sectores políticos y periodísticos liberales y de avanzada, la sociedad dominicana del 1996 era políticamente distinta. Su visión del mundo y sus expectativas sociales, políticas y económicas serían influidas por el crecimiento económico impulsado por distintas acciones del Estado dentro del contexto de la globalización o mundialización de la economía, explícitas en la nueva proyección de la República Dominicana a nivel internacional; en el arduo proceso de reforma del Estado y privatización de las empresas públicas; en el ingreso de importantes inversiones extranjeras, básicamente en los sectores turístico, telecomunicación y construcción; además de importantes reformas del sistema financiero público, que aumentaron sustancialmente los ingresos del Estado, convirtiéndose en un importantísimo motor de la economía nacional, que ha impulsado un crecimiento económico inusitado y sostenido hasta el presente.

Todo esto trajo aparejado reformas legislativas, con proyecciones estructurales en el aparato administrativo público dominicano; y, sin lugar a dudas, también configuró un ciudadano dominicano renovado en el crecimiento económico, con nuevos valores democráticos.

Estamos viviendo, pues, un perfil definido de una nueva democracia, que se basa en el control y equilibrio de los poderes políticos. Y en este, la visión del ciudadano frente a la administración está evolucionando paulatinamente hacia el principio de supremacía del ciudadano, al dibujarse cual eje rector de la administración.

Gracias al crecimiento económico el ciudadano dominicano es más exigente. Se interesa en participar en el control y fiscalización de la Administración y en enfrentar el oportunismo y la corrupción. Y gracias a la Transparencia, confronta la secreticidad y la opacidad, tratando de dispersar el poder exorbitante de la Administración. Así, logra distinguir lo ilícito de lo que es lícito, forzando al funcionario a ser atemperado. En fin, le permite distinguir al ciego durmiendo y al cojo sentado.

fabricollado@hotmail.com