Una fundación con raíces
Centro León y la construcción silenciosa del porvenir cultural dominicano
Más que una cifra, treinta años son una manera de estar en el tiempo. La Fundación Eduardo León Jimenes arriba a este aniversario con un balance sólido, una obra sostenida, rigurosa y profundamente comprometida con la cultura dominicana. Su trayectoria confirma que la responsabilidad corporativa con la comunidad puede ir más allá del patrocinio ocasional para convertirse en una ética de largo aliento.
En ese itinerario sobresale el Centro León, faro cultural de Santiago y del país. Por la calidad de sus exposiciones, programas y colecciones y por una vocación que lo compendia todo: educar. Allí, la educación es la esencia misma del quehacer institucional. La pedagogía -como ellos mismos proclaman y practican- permea cada aspecto, desde la concepción de las ideas hasta su materialización.
Ese enfoque explica su vitalidad. El Centro León es un espacio vivo, siempre activo e innovador, que conversa con la escuela, la universidad, la familia y la ciudad. Forma públicos, despierta curiosidades, cultiva ciudadanía. Lo hace sin estridencias, con método y respeto por la inteligencia del visitante.
Celebrar estos 30 años es reconocer el modelo de una familia que entiende que invertir en cultura y educación es invertir en país. Un compromiso silencioso, pero decisivo, que deja huella duradera en la comunidad y en su porvenir.