Un escándalo innecesario en tiempos sensibles

Melitón Cordero, dominicano y primer nacional en alcanzar esa posición

Lo que menos necesitábamos en este momento de sospechas, endurecimiento migratorio y creciente escrutinio sobre los flujos de personas hacia Estados Unidos es un escándalo en la oficina local de la DEA, precisamente una de las agencias llamadas a garantizar transparencia y confianza en los mecanismos de cooperación bilateral.

La detención en Washington del exjefe de la DEA en Santo Domingo, Melitón Cordero, dominicano y primer nacional en alcanzar esa posición, coloca una sombra incómoda sobre una relación institucional que exige credibilidad. Las acusaciones federales —venta de visados, alteración de expedientes y manipulación de procedimientos— son graves y, de confirmarse, resultarían demoledoras no solo para la imagen de la agencia, sino también para el ambiente político y social que rodea hoy la inmigración dominicana.

El caso adquiere mayor resonancia porque en 2024 el Estado dominicano lo condecoró mediante decreto presidencial, ya revocado, resaltando su “compromiso excepcional” en la lucha contra el narcotráfico. El contraste entre esa distinción pública y el expediente judicial actual no puede ignorarse.

Sin embargo, corresponde recordar un principio esencial: existe presunción de inocencia. Cordero tiene derecho a defenderse y a que el debido proceso haga su trabajo. Lo que sí procederá, sin demora, imaginamos, es una investigación rigurosa y transparente.


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