La incertidumbre arancelaria
Economías pequeñas en alerta, cuando Estados Unidos redefine reglas, el hemisferio tiembla
La renovada retórica arancelaria de Donald Trump vuelve a sembrar incertidumbre en el comercio internacional. Más allá de su viabilidad inmediata o de su cálculo electoral, el solo anuncio de posibles incrementos en tarifas a importaciones estratégicas altera mercados, enfría inversiones y obliga a gobiernos y empresas a recalcular escenarios.
Los aranceles, utilizados como herramienta de presión política o de protección industrial, tienen efectos que rara vez se limitan al país objetivo. En una economía global interconectada, las cadenas de suministro reaccionan con rapidez: suben costos, se ralentizan decisiones de inversión y se encarecen productos finales. El consumidor termina absorbiendo parte del impacto.
Para economías pequeñas y abiertas como la dominicana, la incertidumbre es el verdadero problema. No se trata solo de si una medida nos afecta directamente, sino de cómo repercute en nuestros principales socios comerciales, en el flujo de capitales y en la estabilidad de los mercados financieros. Cuando Estados Unidos redefine sus reglas, el hemisferio completo toma nota.
La previsibilidad es un activo económico tan valioso como cualquier tratado. En tiempos de tensiones geopolíticas y desaceleración global, añadir volatilidad arancelaria puede resultar contraproducente.
El mundo necesita reglas claras, no sobresaltos periódicos. La estabilidad, hoy más que nunca, es un bien escaso que conviene preservar.