Menores en el limbo

La tragedia invisible de los menores desaparecidos en República Dominicana

El reportaje de Diario Libre sobre la desaparición de menores desnuda una de las tragedias más hondas —y menos resueltas— de la sociedad dominicana.

Las cifras estremecen. Al menos 231 niños y adolescentes han sido reportados como desaparecidos entre 2020 y 2026. Algunos regresan, otros aparecen en las peores circunstancias, y demasiados quedan suspendidos en un limbo estadístico y humano que no ofrece cierre. Pero más allá de los números, lo que pesa es la incertidumbre: esa espera interminable que se convierte en antesala de un dolor más profundo, acaso definitivo.

Cuando desaparece un menor, no desaparece solo una persona. Se quiebra una familia, se paraliza una comunidad, se instala el miedo. Es una tragedia silenciosa que no siempre ocupa titulares, pero que carcome la confianza en la seguridad elemental de saber que un niño puede salir y regresar.

Algo no está funcionando. La dispersión institucional, la lentitud en las primeras horas —cruciales— y la falta de protocolos especializados conspiran contra la eficacia de las búsquedas. De ahí que resulte impostergable pensar en la creación de una unidad policial ad hoc, entrenada, equipada y dedicada exclusivamente a estos casos.

Porque no se trata solo de encontrar, sino de evitar que desaparezcan. En esa tarea, el Estado no puede seguir llegando tarde.

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