Un respiro al menos
Alto al fuego plantea oportunidad para apostar por la paz
Al menos hoy no hemos despertado bajo la amenaza de una nueva escalada destinada a arrasar los vestigios de una de las civilizaciones más antiguas de la humanidad. Se ha impuesto la sensatez, por ahora. ¿Hasta cuándo?
Cada día que pasa, la guerra en el Golfo Pérsico pierde sentido. Queda un paisaje repetido de amenazas que se responden con amenazas, destrucción que no distingue, un porvenir cada vez más incierto y un cúmulo de preguntas para las que nadie ofrece respuestas inmediatas. La lógica del conflicto se agota, pero la inercia de la confrontación continúa.
No es la primera vez que ocurre. Las guerras modernas parecen prolongarse más allá de cualquier objetivo claro, sostenidas por discursos que ya no convencen y por intereses que rara vez se explican del todo. Entretanto, las sociedades cargan con vidas truncadas, economías debilitadas, generaciones marcadas por la incertidumbre.
En ese contexto, la pausa —aunque frágil— debería ser leída como una oportunidad. No como un simple respiro táctico, sino como un espacio para reconsiderar el rumbo. Porque persistir en el desgaste no es estrategia: es obstinación.
Como dijimos antes, en el mejor estilo “beatleriano”, démosle una oportunidad a la paz. No como consigna ingenua, sino como la única salida sensata cuando la guerra ha dejado de ofrecer respuestas.