El desastre venezolano
La solidaridad ciudadana suple la ausencia estatal tras los sismos en Venezuela
Los devastadores terremotos que han sacudido a Venezuela hicieron algo más que derribar edificios. También sepultaron el espejismo de normalidad que algunos creían advertir tras la caída de Nicolás Maduro. La tragedia dejó al descubierto un país cuya infraestructura, hospitales, servicios públicos e instituciones arrastran las secuelas de más de un cuarto de siglo de abandono, corrupción y destrucción sistemática del Estado. Cuando la naturaleza golpeó, encontró una nación sin defensas suficientes para responder.
Las imágenes de ciudadanos removiendo escombros con sus propias manos mientras esperan maquinaria, ambulancias o ayuda oficial recuerdan que el verdadero terremoto comenzó mucho antes del movimiento telúrico. Fue el provocado por el chavismo, que consumió recursos inmensos sin construir instituciones sólidas ni preservar la capacidad del Estado para proteger a su población. La solidaridad espontánea volvió a sustituir la ausencia gubernamental.
Toda catástrofe ofrece también una oportunidad para reconstruir. Venezuela necesita levantar viviendas, carreteras y hospitales, pero, sobre todo, reconstruir la confianza en las instituciones, el Estado de derecho y la democracia. La ayuda internacional será indispensable, aunque insuficiente, si no viene acompañada de reformas profundas. Ojalá que de estos escombros emerja una nación decidida a dejar atrás definitivamente el legado autoritario y a edificar un futuro donde la libertad sea el cimiento más sólido de la reconstrucción.