Economía expuesta

Dilema en el Banco Central entre contener la inflación o frenar el crecimiento

La subida de la tasa de política monetaria a 5.50 % recuerda una realidad que el discurso oficial suele omitir: la economía dominicana depende de decisiones y acontecimientos que ocurren fuera de nuestras fronteras.

Estados Unidos es un mercado esencial para nuestras exportaciones, una fuente principal de turistas, remesas e inversiones. Su prosperidad nos beneficia; sus dificultades nos alcanzan. Cuando la Reserva Federal eleva los intereses, estrecha el margen de maniobra del Banco Central dominicano, obligado a ponderar los movimientos de capital y la estabilidad cambiaria.

A esa vinculación se suma un entorno internacional adverso. Las guerras, el encarecimiento del petróleo y las perturbaciones del transporte trasladan costos a una economía que importa combustibles y numerosos bienes indispensables. La inflación llega también por puertos y aeropuertos.

Subir la tasa puede ayudar a contener esas presiones, pero tiene un costo: puede encarecer el crédito, desalentar inversiones y moderar el consumo. Proteger la estabilidad exige decisiones incómodas, cuyos efectos terminan sintiendo empresas y hogares.

El Gobierno debe acompañar la prudencia monetaria con disciplina fiscal, mejor calidad del gasto y menos obstáculos a la producción. Ninguna proclama de fortaleza económica sustituye esas obligaciones.

La República Dominicana no controla el escenario mundial. Puede reducir sus vulnerabilidades. Confundir buenos resultados con inmunidad sería una peligrosa complacencia ante riesgos que ya nos están alcanzando.

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