Con pies de plomo
Ayudar a Haití no obliga a República Dominicana a asumir sus riesgos militares
La asistencia logística dominicana al despliegue militar de El Salvador en Haití exige prudencia, límites claros y una explicación de sus alcances. El envío anunciado de dos mil soldados permite anticipar una operación de envergadura, cuyas consecuencias podrían sentirse también de este lado de la frontera.
República Dominicana tiene razones legítimas para desear que Haití recupere la seguridad y que las bandas pierdan el control de su territorio. También puede tener compromisos de cooperación derivados de su pertenencia, junto con El Salvador, al Escudo de las Américas. Pero ninguna solidaridad debe convertirse en cheque en blanco.
Una cosa es facilitar asistencia logística y otra quedar involucrados, por decisiones ajenas o por la dinámica de los acontecimientos, en una ofensiva militar. Esa frontera debe estar definida antes de que los hechos consumados terminen borrándola.
El Gobierno debe precisar qué apoyo ofrece, bajo cuáles condiciones y con qué garantías de que el territorio dominicano no quedará expuesto a represalias o a una escalada del conflicto.
La crisis haitiana demanda cooperación internacional, pero también respeto a la soberanía, objetivos verificables y responsabilidad por las consecuencias.
Nuestro deber primordial es proteger a la población dominicana y preservar la estabilidad nacional. Ayudar a un vecino no obliga a asumir todas sus guerras. Andemos con pies de plomo: las trampas ajenas, ajenas son.