¿Derecho a qué?
En el país hay muchas personas que creen firmemente que no se van contagiar con el COVID-19 y probablemente tengan razón.
Muchos otros entienden que nadie puede negarles su derecho a alternar en los colmadones, a beberse su cerveza y a jugar su dominó y posiblemente la Constitución los proteja.
Algunos, por suerte los menos, están convencidos de que la ley no se hizo para ellos, que la autoridad es un mito y que nadie puede disponer de su libérrimo albedrío para hacer lo que les déla gana, a la hora que les dé la gana.
Quizás todos tengan razón en su particular modo de pensar, pero ninguno de ellos tiene derecho a contagiar a otros. Así como nadie tiene derecho de matar a su prójimo o a su enemigo, sin ser juzgado y caer preso, así tampoco tiene nadie el derecho en enviar a alguien a un hospital y quizás hasta a la muerte, por alegar un derecho totalmente cuestionable cuando de la salud pública se trata.
Así es que dejemos de estar defendiendo derechos inexistentes y cumplamos nuestros deberes para con los demás y con nuestras propias familias.