La Victoria
El hacinamiento en las cárceles dominicanas no es un problema que la COVID-19 haya venido a descubrir. A pesar de los intentos de reformar el sistema penitenciario dominicano, todavía las carencias son enormes y saltan en momentos de tensión como el que vivimos.
Se ha avanzado en el sistema y se han avanzado algunas construcciones para nuevos recintos. Pero falta mucho camino por recorrer.
Ante la pandemia que asola el mundo y que ya ha provocado, además de las dolorosas muertes de noventa mil personas en todo el mundo, una recesión económica planetaria, hay focos sociales especialmente frágiles.
Las residencias de ancianos, los barrios donde el hacinamiento es hiriente, las cárceles. Si en un primer momento se quiso creer que en nuestro suelo el virus atacaría solo en determinados círculos sociales, ya ha habido tiempo para abrir los ojos y dirigir la mirada a estos otros puntos.
La Victoria ayer dio un aviso que podía haber llegado muy lejos. La situación, todavía inestable, merece toda la atención.