No es la Policía...
La creciente ola de delincuencia lo único que demuestra es que todos le hemos fallado a la Policía, no que ella nos ha fallado a nosotros.
La Policía no puede hacer el trabajo preventivo que debe realizar el Estado por medio de la educación, la creación de empleo y ofrecer las condiciones para una vida decente.
La Policía no es culpable del mal ejemplo que nuestros jóvenes ven en la televisión, ni tienen la culpa de no poder obtener por otros medios que no existen, lo que ellos consideran “vivir bien”.
Nosotros, es decir, el Estado, no ha podido pasar una ley de armas efectiva, no ha podido organizar el uso de motocicletas, no ha podido parar el negocio de los celulares robados, ni siquiera ha podido organizar que los policías guarden sus armas en lugar seguro cuando no estén de servicio. ¿Cuántas muertes se hubiesen evitado con esa sola decisión?
Nuestro deber es apoyar a la Policía, que aporta los muertos y heridos, y que investiga y somete a la Justicia, aunque tenga manzanas podridas. Démosle las herramientas para operar y todos hagamos nuestro trabajo y se verá el cambio.
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