Un examen, una lección

El hecho de que un porcentaje altísimo de los aspirantes a profesores que tomaron el examen de oposición docente se quemaran puede interpretarse de varias maneras.

En primer lugar, esos aspirantes no estaban preparados para el tipo de examen que se les ofreció porque no lo conocían o carecían de los instrumentos conceptuales para pasarlo.

En segundo lugar, las universidades en las que se graduaron esos aspirantes van a tener que revisar su metodología de enseñanza y el currículum, pues en realidad, quien se ha quemado en esta prueba es el sistema educativo, incluidas las instituciones de educación superior.

En tercer lugar, aunque el sistema tiene urgencia de nuevos profesores, es preferible que pasen pocos a que se dé entrada al sistema a maestros que solo van a repetir las carencias del presente y van a contribuir muy poco a mejorar la calidad educativa.

Probablemente, si ese examen se ofrece a cualesquiera otros profesionales de distintas carreras, el resultado será el mismo, porque el sistema educativo, de primaria a la universidad, está roto.

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