Te escucho, no escucho

Cuando el volumen sube y el sentido común se queda en silencio

Mi suegro hablaba y solo podía ver el movimiento de su boca. Intentaba escuchar lo que decía, pero no lograba comprenderlo. Ahí comprobé que me falta práctica para leer los labios. La conversación se interrumpió de golpe. ¿Qué pasó? ¿Me quedé sorda? No. ¿Mi suegro hablaba muy bajo? Tampoco. ¿Qué rayos estaba pasando? 

Era una noche buena. Era Nochebuena. Había silencio en el barrio. La mayoría de la gente estaba en ese momento con los alimentos en la boca —creo que es el único momento del año en el que todos sabemos en qué estamos todos—. Pero parece que algunos se tragaron el último bocado e hicieron lo “normal”: encender las bocinas y subir el volumen al 1,000 %. 

No recuerdo qué canción sonaba. Solo conservo la imagen de los labios de mi suegro moviéndose y yo sin poder escuchar lo que decía. No estaba sorda ni él hablaba bajo. La música nos superaba. Típico.

El ruido es un intruso. Sí. No se le puede sacar de la casa, porque se mete, como las partículas que deja un incendio, hasta la esquina más oscura. Aunque existen normas para penalizarlo, hacerlas cumplir implica una odiosa espera para interponer una denuncia o confiar en que las autoridades se topen con la fuente del ruido en algún operativo y se apiaden de los infelices ensordecidos. Pero a veces ni eso resulta efectivo, como le ocurrió a un hombre que se quejaba de que ninguna autoridad atendió su llamado para obligar a bajar el volumen de la música de un vecino que no dejaba dormir a su padre enfermo. 

¿Será que corre una adrenalina especial cuando se violan las normas? Algo así debía saturar el cuerpo de mi vecino, quien se movía como un “experto” entre el humo de las detonaciones de los fuegos artificiales que lanzaba presuroso para recibir el 2026, como si el mundo se fuera a acabar. Pero, ¿no es que los fuegos artificiales solo pueden explotarlos empresas y técnicos certificados? ¡Uju!

Qué felicidad sería pensar en el bien común antes de darle candela a la bulla. Mientras el volumen sube, el sentido común se queda en mute. Por eso, en este país seguimos en desarrollo. 

Jefa de Redacción de Diario Libre. Anteriormente, editora de Economía desde 2021. Se ha especializado en periodismo de investigación, multimedia y de datos, y ha sido docente de periodismo. Ganadora de una Mención Honorífica en el Premio a la Excelencia Periodística de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), entre otros reconocimientos.