En directo - El Arte y la venta del Arte
Todo aquel que pinta, esculpe, compone, diseña, canta, escribe, ya sea poesía, cuento, novela o drama, el que hace cine, tiene como deseo intenso en lo más hondo de su corazón el deseo de que lo que ha hecho sea visto, escuchado, consumido por la mayor parte de las personas.
No existe, a nuestro modo de ver las cosas, nadie que sea un verdadero artista que no tenga ese deseo.
Desde los tiempos más remotos, desde Homero, Siglo XII A.C. , pasando por Esquilo, Sófocles, Eurípides y Aristófanes, miembros de la elite cultivada de Atenas, selectas personas de la clase dominante, competían en los teatros con sus obras, pocas de las cuales han llegado a nosotros porque la mayor parte se esfumaron en la Biblioteca de Alejandría, quemada por los cristianos de Cirilo por ser un lugar "pagano": Cirilo fue luego canonizado. Sería por destructor, acotamos, sería por instigar a las masas a asesinar y desollar a Hipatia, una de las escasas mujeres independientes y científicas de aquella tan lejana época.
Siglos después, los grandes constructores de las catedrales europeas, Da Vinci, Rafael Sanzio y demás, así como los grandes músicos como Vivaldi y Bach, se acogían a la benevolencia de mecenas para llevar adelante sus obras. No eran tan cristianos como se dice, pero se acogían a la iglesia que era un poder político y económico (y sigue siendo, aunque ahora no protegen ni auspician artistas) y, por supuesto, iglesias y pinturas sobre Cristo, la virgen y demás eran lo más común en sus obras.
Mozart, Beethoven y otros grandes compositores también estuvieron bajo la protección de los nobles. En realidad, sólo desde fines del Siglo 19 es cuando los escritores y demás creadores comienzan, lentamente, a independizarse.
En la actualidad, todos "crean" y todo se vende.
Como es natural, para eso de crear no a todos les resulta lo mismo: para escribir, lo único que necesito es la PC en que ahora tecleo, el músico una partitura en limpio, pero el pintor necesita materiales, el escultor también y así sucesivamente.
Pero todos, todos llevan por dentro ese deseo inmenso de que lo suyo, su obra, sea objeto del dominio público. Y eso implica, necesariamente, que se venda.
Y ahí es donde reside la diferencia: algunos artistas crean lo que sienten y esperan a que llegue al público sin especular, sin apresurarse.
Algunos "artistas" "crean" pensando nada más en vender: sabemos de "escritores" que editan un libro y se pasan semanas, meses, visitando empresas para venderles su obra por lotes, y esos libros casi nadie los lee, pero ellos, sus "creadores", se envanecen de hacer 4, 5, ocho ediciones.
En cine el asunto toma matices dramáticos: si un director de cine logra financiamiento y hacer un film, y ese film fracasa económicamente, está perdido, muy difícilmente podrá conseguir de nuevo millones para hacer otro.
Pero, aún así, eso no justifica que, como hace el cine de Hollywood, como hacen algunos por este lado, se estén haciendo mamotreto tras mamotreto sólo porque el primero hizo dinero. Jason, el de "Viernes 13", ha "muerto" una docena de veces y volveremos a verlo pronto. Otros disparates siguen llegando en versiones terceras, cuartas, quintas, y así, hasta el infinito... un infinito que devenga ganancias. En nuestro país, no hay tantas secuelas, se comprende, pero sí estupideces que se siguen haciendo porque dan dinero (léase comedias, véanse los "récords" en taquilla).
Pero, sería bueno que recordaran que es el tiempo el que define lo clásico, que si Vivaldi y Esquilo perduran, no es porque ganaron mucho dinero, sino porque fueron verdaderos creadores.
Siglos después, los grandes constructores de las catedrales europeas, Da Vinci, Rafael Sanzio y demás, así como los grandes músicos como Vivaldi y Bach, se acogían a la benevolencia de mecenas para llevar adelante sus obras. No eran tan cristianos como se dice, pero se acogían a la iglesia que era un poder político y económico (y sigue siendo, aunque ahora no protegen ni auspician artistas) y, por supuesto, iglesias y pinturas sobre Cristo, la virgen y demás eran lo más común en sus obras.
Mozart, Beethoven y otros grandes compositores también estuvieron bajo la protección de los nobles. En realidad, sólo desde fines del Siglo 19 es cuando los escritores y demás creadores comienzan, lentamente, a independizarse.
En la actualidad, todos "crean" y todo se vende.
Como es natural, para eso de crear no a todos les resulta lo mismo: para escribir, lo único que necesito es la PC en que ahora tecleo, el músico una partitura en limpio, pero el pintor necesita materiales, el escultor también y así sucesivamente.
Pero todos, todos llevan por dentro ese deseo inmenso de que lo suyo, su obra, sea objeto del dominio público. Y eso implica, necesariamente, que se venda.
Y ahí es donde reside la diferencia: algunos artistas crean lo que sienten y esperan a que llegue al público sin especular, sin apresurarse.
Algunos "artistas" "crean" pensando nada más en vender: sabemos de "escritores" que editan un libro y se pasan semanas, meses, visitando empresas para venderles su obra por lotes, y esos libros casi nadie los lee, pero ellos, sus "creadores", se envanecen de hacer 4, 5, ocho ediciones.
En cine el asunto toma matices dramáticos: si un director de cine logra financiamiento y hacer un film, y ese film fracasa económicamente, está perdido, muy difícilmente podrá conseguir de nuevo millones para hacer otro.
Pero, aún así, eso no justifica que, como hace el cine de Hollywood, como hacen algunos por este lado, se estén haciendo mamotreto tras mamotreto sólo porque el primero hizo dinero. Jason, el de "Viernes 13", ha "muerto" una docena de veces y volveremos a verlo pronto. Otros disparates siguen llegando en versiones terceras, cuartas, quintas, y así, hasta el infinito... un infinito que devenga ganancias. En nuestro país, no hay tantas secuelas, se comprende, pero sí estupideces que se siguen haciendo porque dan dinero (léase comedias, véanse los "récords" en taquilla).
Pero, sería bueno que recordaran que es el tiempo el que define lo clásico, que si Vivaldi y Esquilo perduran, no es porque ganaron mucho dinero, sino porque fueron verdaderos creadores.