En directo-La cuestión urbana al debat
Se queja el ADN de los transportistas por el malecón, reaccionan los transportistas, los industriales y los de zonas francas; se quejan los restauranteros y los hoteleros del malecón, reacciona (absurda y torpemente) el ADN con una nota evasiva y capciosa más bien de mea culpa; se queja el popular tabloide y gratuito matutino Diario Libre del tránsito por su frente (Av. A. Lincoln), reacciona diligentemente AMET (como debiera ser sin que la llamaran); se quejan los munícipes y uno que otro periodista del deplorable estado de abandono de la emblemática calle Del Conde (de Peñalba) y reacciona el ADN diciendo que entre los comerciantes, un cluster y el propio ADN pintarán las fachadas de los edificios (un tratamiento cosmético a falta de una intervención integral es lo menos que se le puede hacer, pero cuidado con esas pinturas...); se queja la gente de los tumultos y la escasez de facilidades de estacionamientos en las improvisadas oficinas que reparte el Estado por toda la ciudad para dar cabida al clientelismo asalariado que abulta la ya de por sí supernumeraria nómina gubernamental (nadie hace nada); se plantea -hace ya muchos años- la embajada USA salir de Gascue y devolver la calle Leopoldo Navarro y la esquina César Nicolás Penson con Máximo Gómez a la ciudad; nos quejamos del escándalo diario, en dos tandas, que generan la llegada y salida de los estudiantes de los colegios privados, por los bocinazos, las imprudencias, las alarmas que se disparan y las arrogancias y prepotencias de quienes conducen (y nadie hace nada); se queja la gente de los tapones pero todos vamos a la misma hora a los sitios habituales en vehículos personalizados porque no hay transporte colectivo efectivo que no sea el Metro de Villa Mella; se queja la gente de la inseguridad ciudadana y diariamente se descubre que son agentes de las uniformadas (de todas) los principales delincuentes; se queja la gente de los apagones (ligeramente controlados de cuando en vez) y de la falta de iluminación en lugares vitales para la dinámica urbana nocturna, de la contaminación de las plantas, de la contaminación de las redes electrónicas de altos voltajes, del sistema de transmisión de altas torres que cruzan energía por el centro de la ciudad (y nadie, ni Salud Pública ni Medio Ambiente, dice nada); se quejan los vecinos y hasta los conductores, de las nuevas carreteras que apenas han trasladado los tapones (y nadie dice nada); se queja todo el mundo de los montones de basura que agobian la capacidad de putrefacción y de fetidez ambiental pero sin embargo la Alcaldía, con todo y su ayuntamiento, ofrece fórmulas a futuro, promesas, como la más reciente, la del malecón, en el que no han sido capaces de resolver ni siquiera un kilómetro y ofrecen intervenir 12 si es que logran alguna donación, (porque es por indigencia que se trabaja, no con planificación).
¿Que tiene que esperar el Distrito Nacional? ¿Qué tiene que esperar la ciudad y sus distintos municipios, alcaldes y ediles (o concejales), para trabajarla integralmente? Los que vemos de fuera no sentimos nada que no sea cosmético, improvisado, urgente, momentáneo, sutil, ligero, leve... El ornato del centro poligonal ha sido lo mejor de ocho años perdidos; el resto es sencillamente un estercolero, lleno de bulla por los altos volúmenes de los altoparlantes de los religiosos esquizoides que transitan pregonando la llegada irremediable del Salvador; por la bulla de la insoportable música de los colmadones, la de los bocinazos, por los gritos de la gente que chilla en cualquier lugar, así como se orinan y defecan en resquicios urbanos de poca iluminación. Así anda la capital dominicana en el año en que, ya terminando, debiera ser capital cultural americana, y de cuyo blasón han sido iniciativas privadas las más acertadas para no dejarlo caer del todo, ante la vergüenza de la irresponsabilidad de sus autoridades para dar esplendor, aunque fuese fugaz, a una histórica ciudad que parece urbe en abandono...