En directo - TESTIMONIO
Hace unos años yo era un ser humano común, madre, hermana, hija y esposa. Aunque siempre tuve una formación Cristiana Católica, como muchos de ustedes, solo creía en Dios a través de mis escasas visitas a la iglesia. En ocasiones, asistía sólo porque sentía que era mi obligación, pero al salir del templo, estaba vacía, es decir no llegaban hasta mi alma y corazón las palabras del sacerdote.
Hoy, llena de gozo, quiero compartir con todos, una de mis más gratas experiencias. He aquí mi testimonio.
Un día, por insistencia de mi esposo George, quien ya tenía el privilegio de conocer a esta persona que les quiero presentar, acudí a la Eucaristía. Les juro que mi encuentro con el reverendo y hoy admirado Padre Ramón Alonso, fue como un flechazo de Cupido entre Dios, el amor, la felicidad y la esperanza. A través de él descubrí que Jesús me ama tal como soy; que no me reprende, ni condena, y por el contrario, siempre está con sus brazos abiertos para acogerme cuando lo necesito. Esas son algunas de las enseñanzas que recibimos con optimismo cuando acudimos a las misas que oficia el Padre Alonso, y podemos disfrutar de su homilía.
Si antes asistía a la misa casi por obligación, hoy día quiero asistir diariamente, porque este extraordinario sacerdote, ser humano y amigo, nos llena todos los domingos en nuestra Parroquia Universitaria Santa María de la Anunciación, de ilusión por la vida, y de amor para el prójimo. Sus sabias anécdotas nos llenan como si fuésemos niños golosos, pendientes de una ofrenda de dulces. Su vida diaria es toda sabiduría, transpira dulzura, paz, comprensión y fortaleza.
Debido a que en los últimos tiempos óolo se resaltan los antivalores, y hasta podemos afirmar que en nuestra sociedad se han ido perdiendo las buenas costumbres, las muestras de gratitud, y el amor por los demás; me he sentido animada a escribir sobre el Padre Alonso, quien sin lugar a equívocos, es un ejemplo a seguir, pues nos recuerda con su diario vivir, su labor en favor de los jóvenes, y su amor y atención por el prójimo, que aún vale la pena esforzarnos por nuestras familias, por el porvenir y por la sociedad misma. Esta verdad se anida en nuestras conciencias, con tan solo escuchar y repetir sus sabias palabras:
"Que nada humano nos falte, pero que nada solo humano nos sea suficiente".
Usted no está solo Padre Alonso. Quienes hemos tenido la dicha de conocerle a través de su apostolado, de tratarle y de disfrutar de su mansedumbre y sana sabiduría, le seguiremos en su peregrinaje, haciendo camino al andar. Por eso en su nombre elevamos una plegaria, y pedimos al Dios Todopoderoso, que nos ilumine y nos conceda la gracia de contar por mucho, pero mucho tiempo más, con la presencia de tan inigualable ser humano, nuestro querido Padre Alonso.
¡Que Dios le bendiga siempre!
Si antes asistía a la misa casi por obligación, hoy día quiero asistir diariamente, porque este extraordinario sacerdote, ser humano y amigo, nos llena todos los domingos en nuestra Parroquia Universitaria Santa María de la Anunciación, de ilusión por la vida, y de amor para el prójimo. Sus sabias anécdotas nos llenan como si fuésemos niños golosos, pendientes de una ofrenda de dulces. Su vida diaria es toda sabiduría, transpira dulzura, paz, comprensión y fortaleza.
Debido a que en los últimos tiempos óolo se resaltan los antivalores, y hasta podemos afirmar que en nuestra sociedad se han ido perdiendo las buenas costumbres, las muestras de gratitud, y el amor por los demás; me he sentido animada a escribir sobre el Padre Alonso, quien sin lugar a equívocos, es un ejemplo a seguir, pues nos recuerda con su diario vivir, su labor en favor de los jóvenes, y su amor y atención por el prójimo, que aún vale la pena esforzarnos por nuestras familias, por el porvenir y por la sociedad misma. Esta verdad se anida en nuestras conciencias, con tan solo escuchar y repetir sus sabias palabras:
"Que nada humano nos falte, pero que nada solo humano nos sea suficiente".
Usted no está solo Padre Alonso. Quienes hemos tenido la dicha de conocerle a través de su apostolado, de tratarle y de disfrutar de su mansedumbre y sana sabiduría, le seguiremos en su peregrinaje, haciendo camino al andar. Por eso en su nombre elevamos una plegaria, y pedimos al Dios Todopoderoso, que nos ilumine y nos conceda la gracia de contar por mucho, pero mucho tiempo más, con la presencia de tan inigualable ser humano, nuestro querido Padre Alonso.
¡Que Dios le bendiga siempre!
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