Austeridad, Premio Nobel e influencia keynesiana

“Deaton fue pionero en el uso de los datos obtenidos a través encuestas de hogares en países en desarrollo, especialmente datos sobre consumo, para medir los estándares de vida y pobreza. Al hacer eso, Deaton ayudó a transformar el estudio del desarrollo económico desde un campo mayormente teórico basado en datos macroeconómicos crudos hacia un campo dominado por una investigación empírica basada en datos microeconómicos de alta calidad. Él mostró lo valioso de usar datos de consumo y gastos para analizar el bienestar de los pobres, e identificar las limitaciones cuando se comparan estándares de vida a lo largo del tiempo y del espacio.” Real Academia de las Ciencias de Suecia, 2015.

Por las reseñas que se han hecho del recién otorgado Nobel de Economía a Angus Deaton podría pensarse que ese premio ha sido concedido por las posiciones de anti austeridad que recientemente ha sostenido el laureado economista. Dada la influencia keynesiana en su obra no es sorprendente su posición de apoyar políticas económicas dirigidas a estimular la demanda agregada, como una salida a la crisis financiera y económica que en años recientes han padecido los países desarrollados. Sin embargo, Deaton también critica la aplicación de tasas impositivas muy elevadas. Considera que –por ejemplo- una tasa del 85% al impuesto sobre la renta significaría que prácticamente no habría recaudación por ese concepto. Implícitamente parece aceptar que la relación entre tasas impositivas y recaudación sigue un comportamiento similar a la curva de Laffer.

Sin embargo, los economistas keynesianos –entre los que se encuentra Paul Krugman, otro premio Nobel, y quien nos visita en esta semana- insisten en desconocer que la gran recesión fue un resultado de las mismas políticas que ellos proponen como solución. Como alguien bien satirizó, es como tratar de remediar una resaca dándole al paciente una mayor dosis de alcohol. La propuesta keynesiana tiene el atractivo político de que privilegia los resultados de corto plazo, aun cuando en el mediano y largo plazo los efectos pudieran ser devastadores. Pero no importa. Nuevas intervenciones se harán necesarias para sostener a la economía operando al nivel deseado y definido por los burócratas de las políticas económicas. Al final, mayores déficit fiscales y, claro está, mayores niveles de endeudamiento. Un buen ejemplo de lo contrario es representado por Alemania. Su saludable posición fiscal antes de la crisis y el subsecuente manejo fiscal le han permitido a ese país salir prácticamente ileso de una crisis de la que aún se sienten sus perniciosos efectos en el resto de Europa. Es muy difícil que la austeridad lleve a la quiebra a un país.

Pero el Premio Nobel de Economía que ha sido otorgado a Deaton no ha sido un reconocimiento a sus posiciones anti austeridad. De hecho, en el documento de 36 páginas de justificación que elaboró la Real Academia de las Ciencias de Suecia no se menciona –en ningún momento- que Deaton fuera un defensor de las políticas keynesianas. Lo que sí se destaca en ese documento son los aportes de Deaton en tres áreas fundamentales. La primera se refiere a la estimación de la función de demanda, en la que el supuesto de racionalidad de los agentes económicos no era del todo rechazado. De acuerdo con Deaton, esto podía implicar una de dos posibilidades: o los agentes económicos no son racionales, o los modelos empíricos están mal especificados. Un problema difícil de resolver y agravado por el planteamiento de Deaton de que la teoría del consumidor es formulada para un individuo, y que pudiera no sostenerse a un nivel agregado. Este problema de agregación ha sido un obstáculo insuperable para la macroeconomía, a pesar de que la solución se ha buscado en asumir un denominado agente representativo.

El segundo aporte de Deaton se enmarca en el estudio del consumo a través del tiempo, con el interés de determinar qué proporción del ingreso o de la riqueza es consumida – o ahorrada- en cada momento. Sus resultados son conocidos como la Paradoja de Deaton. Esto es, el consumo se comporta con un exceso de suavidad con relación al ingreso corriente, lo cual contradice la idea de que si el consumo es igual al ingreso permanente, la varianza de ambos debe ser igual.

La tercera contribución de Deaton destacada por la Real Academia de las Ciencias de Suecia es haber transformado el estudio del desarrollo económico basándolo en datos de alta calidad. Consideran que darle fundamentos empíricos a ese sub campo de la economía, en detrimento de lo teórico, fue un paso de avance científico. Empero, es altamente cuestionable considerar que la economía sea una disciplina empírica como se ha querido demostrar con el uso de las herramientas cuantitativas.

Como se puede apreciar, la premiación de Deaton no necesariamente significa un reconocimiento a las políticas keynesianas. En realidad, la academia sueca ha mostrado una positiva incoherencia a través del tiempo al otorgar el Nobel de Economía a las más diversas –y a veces opuestas- corrientes del pensamiento económico. Después de todo, como afirmara el propio Keynes, nadie está exento de la influencia de algún economista muerto. Ni siquiera la propia Academia sueca.

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