El debate sobre el salario
Me sorprende, bachiller Abimbao, la abundancia de opiniones de economistas en el debate sobre los salarios. Citan a gente de renombre. Parece que los han leído y quizás entendido, ¿no es verdad?
–No sabría decirte. ¿A que economistas te refieres, Cucharita?
Trataré de hacerle un resumen. Por ejemplo, a Héctor Valdez, el gobernador del Banco Central, que propone un aumento general de los salarios, entre otras cosas, para cubrir los costos de la canasta básica.
–Suena bien al oído popular.
Fíjese, Abimbao, que Pedro Silverio tilda de extraños a la razón a quienes creen que los salarios pueden establecerse mediante decretos administrativos. Y Bernardo Vega advierte que existiría el peligro de que se tuviera que devaluar.
–Y eso da mucho picor.
Celso Marranzini señala la obsesión del Banco Central con la fijación de la tasa de cambio y la considera culpable por la pérdida de competitividad y la precaria generación de empleos.
–Caramba, Cucharita, Celso no se anda por las ramas.
Y el Conep se queja de la rigidez del régimen laboral, el mantenimiento de tasas de interés altas, las dificultades de acceso al crédito para la producción y la ausencia de política exportadora de largo plazo.
–¿Dicen algo más?
Fernando Pellerano y Ernesto Selman plantean el dilema entre más empleo o salarios más altos. Mientras que Pavel Isa afirma que hay que crecer en sectores que a la vez que generen empleos, incrementen su productividad.
–Muy sensato. ¿Alguna otra opinión?
En el estudio Crecimiento y Empleo, del FMI, 2013, se destaca la generalizada informalidad; la baja calidad de los puestos de trabajo; la insuficiente participación de la fuerza laboral, tal vez por el auge de las remesas; la expansión del PIB impulsado por sectores que generan escaso incremento en el nivel de ocupación. Y que los empleos se concentran en sectores de baja productividad, por ejemplo en “otros servicios”.
–Cucharita, te habrás dado cuenta de que el denominador común es la creencia de que el crecimiento económico tan cacareado no se “derrama”: ni baja el desempleo ni suben los salarios. Es como mostrar en la vitrina un trofeo inútil.
Pero, entonces, bachiller, ¿qué sentido tiene que el gobernador del Banco Central proponga aumentos de salarios por decreto si sus políticas son responsables de mantenerlos bajos?
–¡Oh, Cucharita!, el de situarse a la ofensiva y, de paso, lucir simpático e ilustrado.
Y, ¿cuál es su opinión, Abimbao?
–Sabes que yo apenas soy bachiller, pero observo y pienso. Desde mi punto de vista hay asuntos importantes que deben formar parte de la discusión.
Dígame cuáles, bachiller.
–En nuestro país la oferta de mano de obra es elástica por la inmigración ilegal masiva haitiana, lo que obstaculiza el progreso técnico y frena la productividad, tumba el salario, y expulsa mano de obra dominicana al exterior. Lo cínico es que los forjadores de esta situación celebran el monto de las remesas que envían los dominicanos excluidos de su tierra, al tiempo que contribuyen a desnacionalizar a la República Dominicana.
Y, ¿quiénes tienen la culpa de eso?
–Es culpa de los gobiernos que toleran la porosidad de la frontera y no aplican la disposición legal del 80% de mano de obra dominicana y hasta el 20% de mano de obra extranjera con permiso de trabajo, y de las empresas que no la cumplen.
Diantre eso es contundente, Abimbao.
–En contraste a esa falta de temple en lo migratorio, tan sin sentido y tan dañina para el colectivo pero tan conveniente para algunos, en el mercado laboral formal hay mucha rigidez, que choca con la flexibilidad infinita del informal, como si hubiera una pared que los separara y no existieran vasos comunicantes.
Diablos, así mismo es.
–En el mercado formal el Código laboral establece una cesantía que se acumula según el monto del último sueldo. Esto presiona a las empresas a no subir los salarios salvo que prefieran merodear las cercanías de la quiebra. Es también un estímulo para sostener la informalidad y la evasión fiscal.
Así, bachiller, no hay pollo que llegue a gallo.
–Cucharita, son las políticas vigentes, migratoria, laboral, monetaria, fiscal, sectoriales, y el temor a tomar decisiones por el carácter populista y clientelista del sistema político, las que tienen a este país y al salario en las condiciones en que se encuentran.
¿Cómo así?
–Hay que ser héroes para competir y crear empleo de calidad con un mercado laboral como el descrito y con tasas de interés tan altas o de cambio tan rígida, inexistencia de fondos de largo plazo para inversión productiva porque los fondos de pensiones están esterilizados en el Banco Central, dificultades de acceso al crédito bancario, electricidad intermitente y cara, impuestos desconectados de la necesidad de expandir con contundencia la oferta exportable, trabas burocráticas y prácticas corruptas.
Y qué tiene que ver todo eso con el salario.
–El factor de ajuste o colchón amortiguador de tantos sobre costes y trabas es el salario.
Diantre, Abimbao. Eso es duro.
Cucharita, este bachiller te asegura, con humildad, que el salario real tiene que subir, es justo que lo haga, pero no por decreto sino dentro de una economía con mercado libre de trabas y con el 80/20 funcionando. Hay que revisar el modelo económico para darle la vuelta en favor de lo producción de transables, de la expansión de las exportaciones de bienes y servicios. Y eso implica reordenar este país, fijar las prioridades de acuerdo al interés nacional y no de personas o grupos, desarrollar sentido de Estado y de nación, fortalecer las instituciones y abatir el personalismo.