Los dos grandes desafíos del Gobierno en el 2019
Lamentablemente, hoy cuando todos los Estados, los gobiernos del mundo, necesitan contar con un cuerpo policial preventivo y represivo de la mayor calidad y eficacia, en muchos países los organismos policiales y judiciales tienen en sus filas a cientos de delincuentes prototipos.
A mi modo de ver, el Gobierno no tiene más remedio que afrontar en el 2019, sin observar la más mínima cordialidad, la agresividad, el agravio, la destreza y el envalentonamiento de los delincuentes comunes, la de aquellos de “cuello blanco” y la de los sicarios que es una especie de criminalidad de tipo cinematográfico.
El delincuente común tuvo hasta el 1990, un esquema, un modo casi invariable de actuar. Pero con el advenimiento de los nuevos tiempos, una mayor interconexión con rufianes y bandoleros de otras naciones, el enorme desarrollo de nuevas formas de la comunicación humana y los nuevos enfoques de organismos popularmente conocidos como “defensores de los derechos humanos”, pues los criminales de toda índole andan “nadando en sus aguas”.
Ese cambio de paradigma en el ámbito del crimen, ha traído como consecuencia que hoy es excepcional el delincuente que roba un racimo de plátano o una gallina para comer. Ahora ese mismo delincuente forma una especie “mediana o pequeña empresa” junto con varios asociados, consigue un arma de fuego y sale en busca de una víctima que conduzca un camión cargado de viandas comestibles perteneciente al comercio regular. Bajo amenaza de muerte al conductor, toman para sí el camión y su contenido y luego revende la mercancía y hasta el vehículo. Al final, el jefe del operativo reparte, según el parecer de su “alma generosa”, el dinero producto del robo. Hace muchos años que el delincuente dominicano no sale a robarse una plancha eléctrica, un radio, cincuenta pesos que su vecina tenía guardados bajo el colchón o un par de sábanas. Hoy sus menesteres, sus metas son más ambiciosas.
Lamentablemente, hoy cuando todos los Estados, los gobiernos del mundo, necesitan contar con un cuerpo policial preventivo y represivo de la mayor calidad y eficacia, en muchos países los organismos policiales y judiciales tienen en sus filas a cientos de delincuentes prototipos. Y cuando existe una visible cercanía entre las conductas de los delincuentes habituales y las conductas de muchos policías y miembros de la judicatura, pues bajar la tasa de la criminalidad resulta bastante difícil. Es decir que a los organismos policiales y judiciales les ha pasado lo mismo que al comerciante y al financiero honrado. Antes, el banquero fue considerado uno de los individuos más confiable de cualquier sociedad. Pero desde hace unos 25 a 30 años, desgraciadamente, cientos de banqueros en el mundo y, por supuesto en la RD, han convertido al mundo financiero y bancario en verdaderos escenarios mafiosos. Los que dirigen esos clanes mafiosos han llegado tan lejos en el descrédito de los bancos que hoy muchos psicólogo-economistas estadounidenses y europeos, invitados por los banqueros tradicionales, han tenido que desarrollar una maestría y diplomado conocida como “Psicopatología de la delincuencia corporativa” para tratar de descubrir a tiempo a cientos de sicópatas “de cuello blanco” que cada día intentan ocupar un sillón en los consejos de directores de los bancos y las grandes corporaciones.
Aquellos salteadores “de cuello blanco” han sido tan audaces y exitosos en su trabajo, que el afamado psicólogo criminalista estadounidense, Robert Hare, dijo lo siguiente en una muy difundida conferencia ante la Convención anual de la Policía canadiense (2002): “No todos los psicópatas están en las cárceles; Hay muchos en los consejos de administración y en los comités ejecutivos”.
Pero la modalidad de delincuencia más puerca y aterradora sigue siendo el sicariato, es decir, el asesinato frío, alevoso, inhumano y premeditado y que llena de espanto, ordenado y pagado por algún homicida malvado a otro criminal desalmado que ha de llevarlo a cabo de la manera más violenta posible, o bien, siguiendo el procedimiento más “gentil” que dicho asesinato requiera.
Los cuerpos policiales de nuestro país aún no descubren los engranajes que hacen que la rueda del sicariato funcione de manera tan eficiente que por largos años no ha disminuido su incidencia y tampoco su prevalencia. Y hasta que la Policía no conozca cómo funcionan esos engranajes en todas sus partes, los asesinatos por sicariato seguirán viento en popa.
Cuando el sicariato se ejerce como un oficio común tal como ejerce el carpintero la carpintería y el arquitecto la arquitectura, todos sabemos que será más difícil para nuestra Policía perseguirlos y desenmarañar sus redes. Solo un oficial de policía tenaz, honrado y orgulloso de su profesión estará en capacidad y actitud positiva de afrontar al sicariato en su terreno, pues afrontar al sicariato en el ambiente judicial exclusivamente, es arriesgarse a que los soldados de sus filas “le saquen la lengua” al sistema legal y persecutorio. El Gobierno, la Policía no deben esperar a que el sicariato los desafíe porque fracasarían, como ha sucedido en México, sino que Gobierno y policía deben salir a desafiar al sicariato.
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