Nosotros, los jóvenes dominicanos

República Dominicana es el resultado de la concepción de ideas y el accionar de nosotros los jóvenes, y es que nuestros Padres de la Patria, Juan Pablo Duarte, Matías Ramón Mella, Francisco del Rosario Sánchez y sus compañeros de la sociedad secreta La Trinitaria, tan solo merodeaban la edad de los 30 años cuando nos liberaron de las cadenas de fuerza en las cuales durante más de dos décadas permaneció yaciente la libertad de nuestra sociedad dominicana, ante el yugo de la dominación de bruto de la conquista haitiana, es decir, nuestros libertadores apenas se encontraban en la plenitud del éxtasis de la juventud, por lo que cabe indicar que fuimos nosotros los jóvenes quienes en aquel entonces nos liberamos y construimos un proyecto de nación nuevo y revolucionario, sustentado en una estructura de virtudes y principios esencialmente humanistas, como lo son el derecho a la identidad, igualdad y libertad que propusieron e impugnaron nuestros fantásticos jóvenes soñadores y fundadores del proyecto de nación dominicana.

Fuimos nosotros la juventud dominicana, quienes representados en los eternos e ilustres restauradores y su veinteañero comandante militar y político Gregorio Luperón, emprendimos con ímpetu de Aquiles durante el ¡grito de Capotillo! y el resto del conflicto bélico de la Restauración, con el fin de volver a establecer las aras del altar de la libertad y la soberanía en nuestro país de la anexión española en la segunda mitad del siglo XIX.

Fuimos nosotros la juventud dominicana, quienes personificados en las inmortales “mariposas” (Patria, Minerva, María Teresa Mirabal) o en los héroes de Constanza, Maimón y Estero Hondo, ofrecimos una lucha de alma, espíritu y ánimo incesante para el restablecimiento de la viveza pura de dichos principios progresistas y liberales –trinitarios, restauradores- durante la época del sistema de absolutismo zarista que experimentamos como sociedad en los 31 años que estuvimos guiados por Rafael L. Trujillo y su especie de corte monárquica.

Somos nosotros los jóvenes dominicanos de hoy, a quienes la providencia de Dios y del destino nos ha colocado en el aquí y ahora del momento presente de este misterio tan recóndito y enigmático que es la vida, para hacernos cargo de la lucha por deudas sociales tardías en nuestro país, y es que luego de más de un siglo y medio de vida republicana, ¡Quisqueya la Bella! sigue condenada a un modo de vida feudal, sangriento, corrupto, impune e inhumano en millones de niñas, niños, mujeres y hombres dominicanos, que aún en pleno siglo XXI viven o sobreviven sin verdaderas esperanzas del funcionamiento de los derechos fundamentales y servicios básicos que un Estado está obligado a garantizar a sus gobernados; por lo que es nuestro deber humano, asumir ese nuevo pensamiento que somos los jóvenes e investirnos en la virtud de un enaltecido ejercicio civil y político en beneficio de nuestra primitiva sociedad dominicana, para así lograr desplazar del panorama público nacional a toda esa provecta clase política oficialista y no oficialista actual, a quienes esa magnitud física llamada “tiempo” nos ha demostrado que están caducados, descartados e incapacitados para continuar en la conducción de la búsqueda de la justicia, la felicidad y el bienestar general de nuestro glorioso pueblo dominicano.

Estudiante de término de la carrera de Derecho en UNIBE.