¿Provocación o ignorancia?
Falta poco para el 30 de mayo y la conmemoración del 60 aniversario del ajusticiamiento de Trujillo. ¿Tendrá, por casualidad, este joven parlamentario la secreta intención de que el perínclito barón reemplace en el Panteón Nacional al hatero de El Seibo?
En la edición digital de Diario Libre del viernes 12 del mes y año en curso, el senador por San Cristóbal de la Fuerza del Pueblo (FP), con apenas seis meses como miembro de la cámara alta “se mostró de acuerdo en que se construyera un museo sobre el dictador Rafael Trujillo” y, como si ese tremendismo no fuera suficiente, agregó que “también estaba de acuerdo con traer al país los restos de Trujillo y [con] una revisión a la Ley 5880 que prohíbe que se alabe o exalte a Trujillo o a su régimen”.
El senador Rodríguez, como novicio en sus funciones, hace mucho ruido y se vanagloria de haber sometido, en sus primeros seis meses como legislador, 17 proyectos de ley. Argumenta, a propósito de Trujillo, que 31 años de gobierno no pueden borrarse así por así.
No se puede borrar la historia, es cierto. Tampoco se puede honrar la barbarie. La declaraciones del joven senador revelan en primer lugar una gran ignorancia de la historia que alega “no se puede borrar”. Si este legislador tuviera siquiera una remota idea de los 12 años del régimen de Adolf Hitler en Alemania y de los 54 millones de víctimas que dejó en su estela la barbarie nazi entre 1933 y 1945, no se expresara en esos términos de un gobierno totalitario como el de su compueblano Rafael Trujillo en República Dominicana.
Luego de la rendición de Alemania y del suicidio de Hitler, un grupo de dirigentes nazis capturados por los aliados fue juzgado en Núremberg por crímenes de lesa humanidad como la exterminación de seis millones de judíos en los campos de concentración y las cámaras de gas por el simple hecho de ser judíos; a esta horrible cifra se les agrega millones de personas que no pensaban como los nacionalsocialistas o que no pertenecían a una supuesta raza superior llamada aria. El Tercer Reich que, según Hitler, debía durar mil años no logró superar los 12.
El tribunal internacional de Núremberg dictó sentencias que iban de 10 a 20 años de prisión, de cadena perpetua y varias a la muerte por ahorcamiento, así como la muerte por contumacia a los que no fueron capturados en los días que siguieron al 8 de mayo de 1945. Esas sentencias no se limitaron únicamente a los dirigentes nacionalsocialistas ni a sus secuaces, se extendió incluso a la doctrina vacía y desprovista de sentido de Hitler y algunos teóricos de ese mítico súper hombre que evocaba el filósofo Friedrich Nietzsche en su obra.
En Alemania se prohibió no sólo el Partido Nacional Socialista (NSDAP), sino también toda evocación laudatoria de las ideas y principios enarbolados por Hitler y sus secuaces. Y como si no fuera suficiente se prohibió el acceso al búnker en donde el líder nazi se suicidó para evitar que se convirtiera en un lugar de peregrinación para nostálgicos del nacionalsocialismo. Esas medidas aún siguen vigentes en Alemania y Austria aunque hayan sido violada con la fundación de formaciones políticas de clara orientación neo nazis.
El senador Franklin Rodríguez ignora, evidentemente, ese pasado histórico internacional por lo que aboga también para que se revise la Ley 5880 que prohíbe la alabanza y/o exaltación de Trujillo, el trujillismo y su régimen; olvida, o se hace el sueco, que desde hace unos años exfuncionarios de la dictadura considerando que los desmanes de Trujillo han prescripto han publicado libros infames en los que se auto eximen de responsabilidad en los atropellos de la represión trujillista y cargan toda la culpa al dictador. Esos libros hacen caso omiso a la ley 5880. Igualmente se le olvida que en las elecciones de 2020, en las que el mismo senador Rodríguez fue elegido, un nieto de Trujillo sin renunciar a la imagen e ideas de su abuelo, pretendió ser candidato por un partido que se “prestó” a facilitarle su calidad de organización reconocida por la Junta Central Electoral para que pudiera pretender a la Presidencia de la República. Haber nacido en Miami y ser estadounidense se lo impidieron.
En cuanto al museo de Trujillo en la otrora benemérita San Cristóbal parece que el Museo Memorial de la Resistencia Dominicana que trata de “rescatar y preservar la memoria histórica de los dominicano y recoger el legado del pueblo dominicano a las presentes y futuras generaciones del mundo en su formación y consolidación de una sociedad basada en la paz, la tolerancia, la no discriminación, la verdad, la justicia y el respeto a los derechos humanos”.
Este Museo Memorial como el Hermanas Mirabal de Ojo de Agua en Salcedo no les parecen suficientes al joven congresista para recordar a Trujillo y su dictadura sin borrar sus 31 años de intolerancia, represión y muertes.
La docta ignorancia del senador Franklin Rodríguez supera los límites de la provocación al manifestar su acuerdo con traer al país los restos de Trujillo que luego de hacer un viaje Santo Domingo-España-Santo Domingo, fue provisionalmente sepultado en el cementerio Père-Lachaise de París, y finalmente en El Pardo de Mingorrubio, Madrid.
Como si tratara de compensar su desacertada idea de museo de Trujillo, el senador de la Fuerza del Pueblo por San Cristóbal se mostró de acuerdo con que se sacara del Panteón Nacional a Pedro Santana.
Falta poco para el 30 de mayo y la conmemoración del 60 aniversario del ajusticiamiento de Trujillo. ¿Tendrá, por casualidad, este joven parlamentario, la secreta intención de que el perínclito barón reemplace en el Panteón Nacional al hatero de El Seibo?
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