Será cierto que sólo Brasil podrá salvarnos
Mi estimado filósofo Vitriólico, ¿usted se da cuenta de que cuando se habla del escándalo político empresarial que embarra a Brasil, en este país nuestro surgen opiniones que tratan de quitar relevancia a las acusaciones de que ha sido objeto la presidente Dilma Rousseff, en proceso de ser llevada a juicio político y de ser destituida por el poder legislativo?
–Abimbaíto, todo lo observo y lo escruto con mucha atención.
Venerado maestro, algunos de nuestros hacedores de opinión absuelven de culpas, a priori, a la Presidente Rousseff porque, según ellos, no ha sido acusada de corrupción y, en cambio, condenan a quienes se le oponen por presumirlos corruptos. ¿Qué le parece?
–Es muy cierto, Abimbaíto, Dilma Rousseff no ha sido acusada hasta ahora de corrupción, pero sí de haber maquillado las cifras fiscales y haber ordenado la realización de gastos públicos sin autorización del Congreso, probablemente vinculados a la campaña electoral para favorecer su propia reelección y la continuidad de su partido en el poder.
Filósofo, siendo así, ¿es acaso menos grave para el sistema democrático violar la ley maquillando las cuentas públicas y ordenar de paso la realización de gastos no autorizados por el presupuesto de la nación, que beneficiarse de fondos públicos para fines supuestamente partidarios o políticos, o individuales?
–Mi alumno aventajado, veo que estás progresando. La respuesta, dentro de mi escala de valores, es que una cosa es presumir o acusar, y otra probar. No debe condenarse a nadie a priori, ni a Dilma, ni tampoco a quienes se le oponen.
De acuerdo, maestro, pero suponiendo que ambas acusaciones fueren ciertas, cuál sería su opinión.
–Abimbaíto, ese sería un ejercicio de pura especulación intelectual. Por la trascendencia del tema te voy a complacer sin referirme a nombre alguno, expresándome en sentido general, sin atribuir hechos a nadie. Pues bien, ambos supuestos, si ocurrieran, serían de extrema gravedad, injustificables e inaceptables.
Coincido con usted, maestro.
–Es más, si el maquillaje y la ejecución de gastos constitucionalmente no autorizados, fueren puestos al servicio de la continuidad de un liderazgo político colocado al frente de los destinos de la nación, equivaldrían o serían lo mismo que actos de corrupción. No habría diferencias entre una cosa y la otra; ambos distraen recursos públicos, unos para llenarse los bolsillos, otros para comprar voluntades, directa o indirectamente, y mantenerse en el poder.
Ya veo, filósofo admirado.
–Voy más allá. Si fuera cierto lo que se afirma, estos hechos serían el germen de la disolución del sistema democrático en el largo plazo, que perecería carcomido por el clientelismo y la progresiva debilidad institucional. Es decir, permanecería una democracia en la forma, una simple caricatura, pero no funcionaría porque no tendría capacidad de resolver los problemas fundamentales de la nación.
Ahora se me fue muy lejos maestro. ¿Es para tanto?
–Fíjate si no, Abimbaíto, para citar un ejemplo doméstico, que la democracia dominicana, afectada de la misma enfermedad, ni ha funcionado ni funciona. Es una fábrica de creación y mantenimiento de pobres, convertidos en clientes de un sistema que necesita del escenario de la pobreza para perpetuarse. Es contra eso que se ha empezado a luchar en Brasil.
No me diga una cosa así, maestro. Pero entonces, ¿cual es la razón de que los hacedores de opinión no se den cuenta de la importancia de esto y se pierdan en comparaciones de poca profundidad, en vez de ir al fondo de las cosas?
–Abimbaíto, confórmate con expresar tu propio criterio sin menospreciar el ajeno. Eso si, hazlo con convicción y siempre apegado a la verdad. Si así lo hicieres, nunca errarás.
Pero, ¿usted vio la noticia?
–¿Qué noticia?
Fíjese lo que dice la prensa internacional, en despacho del pasado 21 de abril, cito: “El Tribunal Superior Electoral (TSE) de Brasil ha ordenado este jueves investigar en profundidad la última campaña presidencial, que catapultó a Dilma Rousseff y a su «número dos», Michel Temer, al Palacio de Planalto, por sospechas de financiación irregular... Los ejecutivos (de la empresa Andrade Gutiérrez) han contado, por virtud de un acuerdo de delación con la Fiscalía, que su empresa financió la campaña de 2014 para la reelección de Rousseff y, en consecuencia, de Temer, a cambio de obtener contratos de la petrolera estatal.”
–Abimbaíto, es que tu memoria parece ser corta. Hace poco te dije que si querías aferrarte a una esperanza quizás Brasil nos salvaría. Te lo repito ahora.
Y, ¿qué significa eso?
–Lo que ocurriera en Brasil, si se profundizara, podría tener repercusiones sobre toda la región. Y, no lo dudes, sería para bien.
Elabore más, maestro, elabore.
–Esta es una de las escasas oportunidades que tendremos para fortalecer de una vez por todas las instituciones y evitar que sigan utilizándose para conveniencia de sectores de la clase política y de empresarios que se arriman a ella para lucrarse a costa de todos. Y esa es la verdadera esperanza de que en este terruño, azotado por las inclemencias, pueda desaparecer o reducirse la pobreza.