Si yo fuera candidato

Maestro Vitriólico, ¿y qué pasaría si usted fuera candidato?

--Te confieso que me hubiera gustado serlo para tener la oportunidad, pero no me he atrevido.

Maestro, ¿tener la oportunidad de qué? Cuidado, no se confunda.

-- Muchacho, a la política solo se debe ir a cumplir los sueños que desde jóvenes nos entusiasmaban, apoyados en ideales, algunos quiméricos, otros alcanzables. A sentirse inspirados por la oportunidad de crear y transformar, que es un poco robar pedazos de divinidad a los dioses.

¡Ah!, menos mal. Pero si usted fuere candidato, y si por una casualidad cósmica ganara las elecciones, por favor, dígame qué haría.

--¿Sabes lo que ocurriría?

Dígamelo usted, filósofo admirado.

--Tal vez, al poco tiempo, me derrocarían por actuar con responsabilidad y firmeza para enderezar el desorden añejo y la falta de autoridad para resolver problemas colectivos, o quizás me amarían tanto que no quisieran que me fuese, como indefectiblemente lo haría al cumplir el período constitucional establecido.

Si, pero suponga que no lo derrocaran.

--Pues bien, me dedicaría en cuerpo y alma a aprovechar la oportunidad de cambiar este país, amparado en un programa que lo transforme a fondo, sustentado en el rigor ético y en el sentido de austeridad. Eso sí, rodeado de las mentes más lúcidas y comprometidas.

Usted es presumido, ¿verdad?

--No. Trabajaría con dedicación y humildad, sin envanecimiento personal ni poses estudiadas para consumo mediático, para ayudar a sacar a este pueblo del subdesarrollo y la pobreza.

Y, ¿qué es eso de rigor ético, maestro?

--En palabras sencillas, cuidar escrupulosamente los recursos públicos; utilizarlos en forma eficiente, sin dispendios, con racionalidad y funcionalidad y solo en lo que estuviere relacionado con los grandes objetivos nacionales, no personales; y dotar de la más absoluta transparencia los gastos, licitaciones y contratos, tanto en la forma como en el fondo.

Y, ¿cómo lo lograría?

--Abimbaíto, el único camino posible es el del reforzamiento de las instituciones, para que cada una de ellas cumpla sus funciones. Y eso significa dejar que se entronice el imperio de la ley y se ponga freno radical al clientelismo.

Pero usted sabe bien que las instituciones existen, pero la ciudadanía no les tiene confianza.

--Así es, pero si el poder legislativo funcionara y actuara como contrapeso del ejecutivo, este país sería diferente. Lamentablemente es un poder subordinado. Y de los otros poderes más o menos podría decirse lo mismo. De modo que esa es la primera tarea: reforzar las instituciones.

Me siento turbado porque no encuentro la forma de enderezar este rompe cabezas.

--Abimbaíto, ¿sabes una cosa? La diferencia tienen que ponerla los hombres que aspiran a ser líderes a través del buen ejemplo, que se irradie desde arriba hacia abajo. Ese es el papel de los líderes de verdad.

Entonces, ¿cuál es la razón de que no suceda así?

--Solo te digo que si la dirección política subordinara sus intereses particulares a los de la comunidad, las instituciones serían independientes y fuertes. El problema es que la dirección política partidaria ha llegado a la conclusión de que al poder se accede para ejercerlo, disfrutarlo y mantenerlo mientras vida se tuviere, y no para resolver los problemas de la gente.

Bien, pero dígame que otras cosas haría en el plano ético.

--Hacer que el Estado y los ciudadanos cumplan las leyes.

Y, ¿qué tiene que ver eso con la ética?

--Mucho, joven incrédulo. Es una falta de ética perseguir el poder, alcanzarlo y luego olvidarse de cuál es el sentido y propósito de estar en el poder, dejando de hacer lo que hay que hacer por estar pensando en un costo político que solo afecta lo personal.

¡Ah! No había reparado en esa circunstancia.

--Te digo más. Hay que organizar este pueblo, disciplinarlo, educarlo, y universalizar la seguridad social tanto en salud como en pensiones, ambas de calidad, como prerrequisito para que se pueda vivir una vida civilizada. Fomentar el trabajo de la mano de obra dominicana, dignamente remunerado.

Me gusta eso, maestro. ¿Algo más?

--Sí. Hay que controlar y repatriar los inmigrantes ilegales. Recuperar los recursos naturales, hoy camino de la devastación. Erradicar de las calles el miedo al atraco. Cortar el cordón umbilical de los negocios que se fraguan en complicidad con los funcionarios. Adecentar la vida pública.

Eso dice mucho, filósofo admirado.

--En la soledad de mis meditaciones a veces pienso en qué distinto podría resultar todo si desde las esferas de poder se aplicara un poco más el sentido común. Eso solo marcaría un cambio determinante.

Y en que más ha pensado.

--Desde el poder evitaría ser excluyente y vengativo; jamás daría paso a la prepotencia ni subestimaría a los demás.

¿Me podría hablar de su programa de gobierno?

-- De eso hablaremos luego.