Solo Brasil nos salva

Maestro Vitriólico, ¿es cierto que los pactos se firman para entretener a la gente, en vez de para resolver?

--Si, mi querido Abimbaíto. Se llevan a cabo en medio de un gran barullo y abundancia de medios, periódicos, radio, televisión, reforzados con Twitter, Facebook, y muchos más, con el objetivo de que el pueblo se entretenga creyendo que sus problemas quedarán resueltos.

Y, ¿qué sentido tiene eso?

--El mismo que las reformas fiscales; se diseñan para que suban las tasas tributarias y, al mismo tiempo, la presión tributaria se mantenga constante y el gasto público superfluo no se cuestione. Para asegurar que sea así, se dejan ventanas abiertas a la evasión. El resultado es la expansión de la deuda pública, que conduce a nuevos parches tributarios. Van más de diez.

Filósofo venerado, lo que usted dice luce contradictorio.

--Tanto como nuestra sociedad, Abimbaíto. Hace poco a Mario Vargas Llosa se le otorgó, y a la vez no se le otorgó, el premio internacional Pedro Henríquez Ureña. ¡Qué campeones! Otorgar y no otorgar un premio literario, simultáneamente. Y todos contentos y complacidos.

Filósofo Vitriólico, pero yo, como joven, no me explico a donde conduce esa falta de rigor. A mi eso me angustia y me llena de desesperanza.

--A mi también. En este país la civilización del espectáculo adquiere matices especiales.

Explíquese mejor, venerado filósofo.

--En esta todavía república del postre, ¡hay cómo me duele ese calificativo!, lo que importa es la rimbombancia mediática. Es por eso que a Lilís y al llamado Jefe le encantaba el uso del bicornio relleno de plumas. Es el mismo juego que se gasta nuestra democracia anómala y de cartón, que semeja un circo de gusto dudoso y baja moral.

Diantre, maestro, se me insufla el sentimiento patriótico. Aquí las cosas se hacen a prisa y mal hechas cuando por motivos políticos partidarios o personales urge que se vean, y las necesarias nunca se hacen porque chocan con intereses creados y temen perder votos. ¿No es así?

--En lo esencial, si. Pero debes saber que si la democracia no funciona es porque está asfixiada por el clientelismo y el patrimonialismo. Ambos son instrumentos para permanecer en el poder. Han adquirido un matiz salvaje. Y al paso que vamos, parece que no tiene cura.

Filósofo Vitriólico, usted habla de clientelismo y patrimonialismo. Son fenómenos ya viejos.

--Se ha entrado en una etapa superior, voraz y peligrosa, que no se detiene ante nada ni nadie, que arrolla instituciones, destruye el aparato partidario, deja operar en el vacío la democracia, sostenida solo por los órganos de poder.

Filósofo excelso, ¿somos acaso un país sin futuro?

--Mira, Abimbaíto, si quieres aferrarte a una esperanza ahora te digo que quizás Brasil nos salve.

Y, ¿qué tiene que ver Brasil con lo que estamos conversando?

--Mucho, muchísimo. Allá ha empezado a descubrirse un embrollo monumental, montado en la fusión de intereses de políticos y empresarios, entrelazados con el objetivo de desviar recursos públicos para utilizarlos en alcanzar y prolongar períodos presidenciales a cambio de otorgar contratos de obras inflados en su costo.

¿Cóóómo? Filósofo. ¿Eso es así?

--Se ha internacionalizado la asociación para delinquir en nombre de proyectos político-empresariales. Hay santos que han empezado a caer de sus altares.

Puede que caigan algunos, maestro, pero no veo cómo eso podrá mejorar nuestro sistema político.

-- Ya lo verás, a su debido tiempo vendrá una conmoción que saneará el sistema político y dará funcionalidad a la democracia.

Maestro, mientras eso ocurre, ¿usted se ha dado cuenta de que casi estamos en elecciones? ¿Qué podría pasar?

--Es una gran ventaja. Si ganara el que está, ya no podría pretender volver a quedarse; en consecuencia, una vez cumplido su nuevo periodo, si aspirara a retirarse sin preocuparse por retaliaciones tendría que emprender reformas políticas y económicas y cerrar el paso al clientelismo de otros.

¡Anjá! Y si quien ganara fuera el de la oposición, que también pudiera suceder.

--Si ganara el de la oposición, con más razón aún tendría que emprender reformas profundas, incluyendo políticas, pues es lo único que le permitiría consolidarse. Así podría aspirar a dos períodos completos, sin retorcer la constitución.

No lo veo tan claro, maestro. Me siento desalentado.

--Si tu te desalientas, muchacho, qué me dejas a mi, con el peso de estas canas que han contemplado a lo largo del tiempo tantas ilusiones rotas, liderazgos calcinados por hacer lo que nunca debieron intentar, faltando a sus promesas y quizás hasta a sus propias convicciones.

Ah, no, excelso filósofo. Tampoco es para que se deprima o se rinda antes de que termine la batalla.

--Apréndete esto, muchacho. Jamás te rindas. Nunca bajes los brazos. Mantén siempre la fe en que triunfarás y en que tus principios se impondrán. Si lo hacemos todos, habrá país.