La globalización de la indiferencia

Como si quisiera darle a entender a todos los hombres y mujeres del mundo que la solidaridad es el nuevo nombre de la caridad; como si tratara de apelar a la conciencia de cada uno para asumir la responsabilidad por el otro -o como expresa Levinas - de recordarnos "que cada hombre es la huella del otro, y que el bien consiste justamente en la misericordia por el otro", el Papa Francisco se trasladó a la isla Lampedusa, en Italia, donde vivió de cerca la tragedia de los que desde África se lanzan al mar por el canal de Sicilia, buscando mejor vida, y que en esta travesía se encuentran con la muerte.

Allí, donde se calcula que en la última década han perdido la vida miles de personas, el Papa elevó a Dios elevó esta plegaria: "Te pedimos ayuda para llorar por nuestra indiferencia, por la crueldad que hay en el mundo, en nosotros y en todos aquellos que desde su anonimato toman decisiones socioeconómicas que abren la vía a dramas como estos. Te pedimos perdón por aquellos que con sus decisiones a nivel mundial han creado situaciones que conducen a estos dramas". A estos dramas de allá agregamos los nuestros de acá, que dan cuenta de las vidas perdidas por cientos de dominicanos que se lanzan al mar Caribe buscando mejor vida y que también la pierden. Y también el drama de los haitianos que cruzan la frontera y peregrinan hacia la República Dominicana cual Tierra Prometida para ellos.

El sermón de Lampedusa, que nos recuerda las barcas llegadas desde Tiberíades al lugar del milagro de la multiplicación de los panes y los peces. No es una alocución local, sino universal. Es un llamado a la compasión en el sufrimiento, a tomar conciencia de que "quien carece de compasión por el dolor de los otros, también desconoce el sentido de la justicia". Así lo expresó el Papa en su visita a la isla: "¿Quién de nosotros ha llorado la muerte de estos hermanos y hermanas, de todos aquellos que viajaban sobre las barcas, por las jóvenes madres que llevaban a sus hijos, por estos hombres que buscaban cualquier cosa para mantener a sus familias? Somos una sociedad que ha olvidado la experiencia del llanto… La ilusión por lo insignificante, por lo provisional, nos lleva hacia la indiferencia hacia los otros, nos lleva a la globalización de la indiferencia".

La voz de este Papa, como la de Juan Pablo II y Benedicto XVI, pone de manifiesto la misión social de la Iglesia Católica en el nuevo contexto de la globalización. Reconocida por la misma Iglesia como un fenómeno con aspectos negativos y positivos, "lamentablemente, la cara más extendida y exitosa de la globalización es su dimensión económica, que se sobrepone y condiciona las otras dimensiones de la vida humana. En la globalización, la dinámica del mercado absolutiza con facilidad la eficacia y la productividad como valores reguladores de todas las relaciones humanas. Este peculiar carácter hace de la globalización un proceso promotor de inequidades e injusticias múltiples" (CELAM, Aparecida, Brasil, 2007, n. 61). Frente a esa forma de globalización, los obispos participantes en la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, manifestaron su fuerte compromiso para promover una globalización diferente, que esté marcada por la solidaridad, por la justicia y por el respeto a los derechos humanos, haciendo de América Latina y El Caribe el continente de la esperanza.

Los riesgos e incertidumbres derivados de la globalización advertidos por el Papa Francisco y por el CELAM, son también identificados por economistas y académicos. Entre ellos se encuentra Stiglitz, quien sostiene que para millones de personas la globalización no ha funcionado, y que si ésta se sigue manejando como hasta ahora, no sólo fracasará, sino que seguirá generando pobreza e inestabilidad. Tal como lo propone el mismo Stiglitz, no podemos permanecer "indiferentes" ante esta globalización negativa: "Si vamos a abordar las legítimas preocupaciones de quienes han expresado su malestar con la globalización, si vamos a hacer que la globalización funcione para los miles de millones de personas para las cuales aún no ha funcionado, si queremos lograr «una globalización con rostro humano» entonces debemos alzar nuestras voces. No podemos, ni debemos quedarnos al margen".

Con el Papa Francisco, levantemos nuestra voz en contra de la "globalización de la indiferencia", comprometiéndonos también a sembrar luz y esperanza para todas las naciones (Gaudium et Spes, n.3). Desde aquí, levantemos nuestra voz como parte de una comunidad mundial de esperanza y resistencia.