La responsabilidad por el otro

Frente a las grandes desigualdades que convierten en víctimas a millones de seres humanos, y que se tornan más horribles allí donde hay pobreza, la sociedad de hoy tiene la urgencia de asumir el reto de crecer en humanidad y solidaridad. No se puede seguir llamando sociedad a una sociedad donde impera la ley del "sálvese quien pueda" y en la cual las personas se relacionan a codazos. Hay que rescatar el espacio de la solidaridad, la justicia, la tolerancia, la misericordia y la compasión por el otro

La exhortación de Freud a amar a tu prójimo como a ti mismo, es uno de preceptos fundamentales de la vida civilizada y, al decir de otros, una de las exigencias fundamentales de ésta. La aceptación de este precepto -dirá Bauman- "es el acto alumbrador de humanidad por excelencia". También Levinas nos dice que "la relación con el otro es sociedad", el origen del entre-otros, del ser entre otros, es más que ser-Uno. Así , la soledad es ausencia del otro y el encuentro con el otro es la esencia del nosotros.

Cada hombre es la huella del otro -seguirá diciendo Levinas- . "Todos somos culpables de todo y por todos los hombres ante todos, y lo soy más que los demás. "La responsabilidad es asunto mío. La reciprocidad es asunto suyo. El yo siempre tiene una responsabilidad más que todos los demás". Esta "proximidad" es también sostenida por Bauman cuando expresa: "Lo que desencadena la expresión inmediata de la vida es la proximidad (o la presencia inmediata del otro ser humano, que es débil y vulnerable, que sufre y necesita ayuda. Nos sentimos desafiados por lo que nos reta a actuar, a ayudar, a defender, a dar consuelo, a curar o salvar".

Y no se trata solamente de sentirnos responsables de los "próximos" que comparten con nosotros la sangre, el suelo o el Estado nación, también se extiende a la densa comunidad de interdependencia global. Formamos parte de un mundo ampliado y no podemos desviar la mirada de sus tragedias sin ser salpicados por la culpa. En este sentido viene al caso lo expresado por Bauman, "no podemos estar seguros de nuestra inocencia moral cuando otros seres humanos sufren humillaciones, sufrimiento o dolor. No podemos apelar a que no lo sabemos o de que no podemos hacer algo por aliviar la suerte de los que sufren". Más allá del intento debemos sumar fuerzas y voluntades para escuchar el grito de las víctimas y provocar acciones liberadoras y dignificantes que hagan posible la superación de la injusticia y el debilitamiento social.

La responsabilidad por el otro se manifiesta como solidaridad. No tenemos opción para la no-solidaridad sin convertimos en socialmente irresponsables o simplemente en indiferentes en que los que asoma la crueldad cómplice. La responsabilidad - nos dirá Hans Jonas- es el "cuidado" reconocido como deber, por otro ser, cuidado que, dada la amenaza de su vulnerabilidad, se convierte en preocupación. Pero termina con la sola preocupación. Se trata de una responsabilidad activa, que sin prescindir de lo que le corresponde a los sujetos, supera la suma de las responsabilidades individuales y da paso a una dimensión indispensable en el plano moral, jurídico y político. Debiendo enfatizar que el debilitamiento del sentido de solidaridad constituye un debilitamiento del sentido de responsabilidad.

También debemos asumir la responsabilidad frente a las futuras generaciones. Este imperativo podría denominarse una "ética del futuro". En el fondo de esta responsabilidad está en juego la misma noción de humanidad y solidaridad. En este contexto, habremos de preguntarnos: ¿es moralmente aceptable transmitir a las generaciones futuras un medio ambiente degradado, o una deuda pública desbordada, o un patrimonio nacional hipotecado, o un sistema de seguridad social amañado e insostenible, o unos índices de pobreza cruentos y lacerantes de la dignidad de los que la padecen? En nombre de la responsabilidad y la solidaridad deberemos rendir cuenta de todo esto.

Como país necesitamos nutrir la ética de la responsabilidad por el otro. Debemos desarrollar la toma de conciencia de la solidaridad. Hoy por hoy, la solidaridad del Estado "bondadoso" resulta insuficiente. No se trata de decretar la solidaridad, sino de hacer aflorar la fuerza no empleada de las buenas voluntades y de impulsar las acciones de solidaridad y de justicia. La solidaridad es un camino para ejercitar la responsabilidad por el otro.