Criminales cubanos
La colonia cubana en la República Dominicana siempre se ha caracterizado por el trabajo honesto y por su amor a esta tierra. Numerosos exiliados han formado aquí su familia, y muchos han establecido prósperos negocios que generan fuentes de empleo y desarrollo. En general, los dominicanos los apreciamos como si fueran nuestros compatriotas.
Sin embargo, en el pasado hubo otros que en calidad de asesinos se refugiaron en el país tras el triunfo de la revolución cubana, el primero de enero de 1959. Muchos de esos criminales le sirvieron a la tiranía trujillista, a través del tenebroso Servicio de Inteligencia Militar (SIM) que dirigía el tenebroso Johnny Abbes García. Esto quiere decir Trujillo no solamente se valió de dominicanos para asesinar opositores en el extranjero, sino también de mafiosos cubanos, ellos el ex general José Eleuterio Pedraza y Cabrera, el coronel José Maria Cañizares el ex coronel Manuel Ugalde Carrillo, los tenientes coroneles Merob Sosa, Ángel Sánchez Mosquera, y Esteban Ventura Novo. Uno que participaba en la represión contra el pueblo dominicano, era el esbirro Miguel Rodríguez Lazo, conocido en Cuba como "Miguelito el Niño".
Pedraza, al igual que los demás, viajó a la entonces Ciudad Trujillo junto al derrocado dictador cubano el 1 de enero de 1959, cuando triunfó la revolución de Fidel Castro. Pedraza se convirtió en uno de los esbirros favoritos de Trujillo, quien al parecer admiraba su inteligencia para eliminar enemigos. Pedraza había sido Jefe de la Policía Nacional en Cuba. Se vinculó al dictador dominicano en sus actividades contra Cuba. Fue jefe de la fracasada conspiración trujillista contra la revolución y Posteriormente planeó volar un barco petrolero en la Bahía de La Habana, enviar avionetas para quemar campos de caña y planificó bombardear la antigua refinería de la compañía SHELL en Guanabacoa. Se le atribuyó el robo de millones de pesos al tesoro público cubano. Tenía tierras, casas, ganado. Pero en sus fincas villareñas Pedraza seguía siendo un déspota que no soltaba la fusta; que oprimía y vejaba a los campesinos. En las postrimerías del régimen se cobró a diez por uno la muerte de un hijo suyo y asesinó a todo el que encontró a su paso. Cuando ya comenzaba la desbandada, vistió de nuevo el uniforme y puso en práctica sus métodos de horror y muerte antes de salir huyendo hacia Ciudad Trujillo, junto a Batista y sus compinches. Sabían que eran "fusilables" por la revolución.
Salas Cañizares, por su parte, procuró estrellas y mandos a sus hermanos (1) Así José María Salas Cañizares llegó a Teniente Coronel del ejército. Pero él no necesitaba de la sombra protectora del hermano del general Batista. Tenía alma de asesino y en el régimen batistiano éstos eran los que ascendían. Sus crímenes mayores los cometió en Santiago de Cuba donde se le nombró supervisor militar. Allí apaleó, golpeó, torturó, asesinó" A Salas Cañizares el pueblo de Santiago de Cuba lo bautizó con el terrible calificativo de Masacre, porque fue su mayor verdugo. En esta región oriental apaleó, golpeó y torturó tanto a hombres como a mujeres. Allí, dejó en la memoria de su gente, páginas de singular horror.
Manuel Antonio Bartolomé Ugalde Carrillo nació el 13 de junio de 1919 en Rodas, Las Villas. Ingresó al ejército el 3 de septiembre de 1941 como soldado. Ex jefe del SIM.
En EE.UU. mantuvo estrechos vínculos con organizaciones terroristas en acciones contra Cuba. En los primeros números especiales de la revista Bohemia (2) de 1959, en la sección "Galería de Asesinos", se señala: "Fue otro de los más destacados asesinos del régimen. Su paso por el penal de Isla de Pinos y por distintos mandos militares se distinguió por eso: porque sembró en ellos la muerte y las torturas".
Sánchez Mosquera era teniente coronel del Ejército, jefe de las operaciones en la Sierra Maestra contra los revolucionarios de Fidel Castro. Fue jefe del batallón 11, considerándosele uno de los más osados oficiales castrenses, pero a la vez, de los más criminales y ladrones. A Salas Cañizares el pueblo de Santiago de Cuba lo bautizó con el terrible calificativo de Masacre, porque fue su mayor verdugo. En esta región oriental apaleó, golpeó y torturó tanto a hombres como a mujeres. Allí, dejó en la memoria de su gente, páginas de singular horror como las que a continuación narramos.
Una mañana de septiembre de 1957, en la propia ciudad de Santiago, el chofer y los pasajeros de un ómnibus interurbano procedente del Castillo del Morro, vieron salir a un joven de las malezas aledañas a la carretera. Caminaba tambaleándose como un beodo y con las manos se sujetaba el vientre. Por una enorme herida de cuchillo, la sangre salía inconteniblemente. Era José Ramón Guillén, de dieciséis años. Había sido arrestado por un carro patrullero y conducido ante el coronel José María, quien en el curso del interrogatorio, con gesto displicente, extrajo de su cintura una bayoneta y aparentó limpiarse las uñas.En rápido y consumado ademán de matarife, hundió el filoso cuchillo en el bajo vientre del joven Guillén, abriéndole la cavidad abdominal. Sus propios hombres no pudieron disimular una exclamación de horror. Salas Cañizares requirió una hoja de papel, secó la sangre de la bayoneta, y se volvió hacia uno de sus secuaces. ¡Llévense a ese y bótenlo por ahí!
Merob Sosa García nació el 1 de diciembre de 1920. Ex Comandante del ejército batistiano. Según información desclasificada por el gobierno de EE.UU. fue uno de los esbirros que testimonió contra la Revolución en el Subcomité del Senado norteamericano de Seguridad Interna, a mediados de 1959. Fue dirigente de la organización contrarrevolucionaria La Rosa Blanca, que en su seno agrupó a la mayoría de prófugos y asesinos de la dictadura batistiana.
El coronel batistiano Esteban Ventura Novo, jefe de la Quinta Estación de Policía de La Habana, era un hombre elegante y un torturador profesional. De sus medallas se decía que chorreaban sangre. En la Cuba de 1958, tan solo mentar a Ventura escalofriaba incluso a sus secuaces.
En dos años Ventura fue ascendido de capitán a comandante y enseguida a coronel de la Policía Nacional batistiana. Esteban Ventura Novo huyó a tiempo para salvarse de la justicia revolucionaria y fue acogido por las autoridades estadounidenses. Ventura se estableció con toda comodidad en Miami, donde fundó una agencia de seguridad, la Preventive Security Service and Investigation, que estaba situada en la Calle Primera del South West y la avenida Bacon Boulevard.
El empleo de cubanos, generalmente de filiación batistiana y gangsteril, sirvió a Trujillo para la ejecución de numerosos secuestros y asesinatos en el extranjero. Por ejemplo, en diciembre de 1950, fue secuestrado en la capital cubana, el dirigente obrero dominicano Mauricio Báez, enemigo político de Trujillo y del cual nunca más se supo; el 2 de octubre de 1952, el periodista Andrés Requena, fue asesinado en Nueva York, y el 12 de marzo de 1956 era secuestrado en esa misma ciudad, el profesor vasco Jesús de Galíndez. En Cuba, Rafael Soler Puig más conocido por "el muerto", asesinó a cuchilladas por encargo de Trujillo a Manuel de Jesús (Pipí) Hernández; el 8 de agosto de 1955, en pleno gobierno del dictador Fulgencio Batista. Años antes, Soler Puig participó en el asesinato del líder obrero cubano, Aracelio Iglesias.
El escritor cubano, de Radio Progreso José Buajasán Marrawi (4) afirma que "en las investigaciones e interrogatorios llevados a cabo en República Dominicana por el siniestro jefe del Servicio de Inteligencia Militar dominicano "SIM", Johnny Abbes García, participaban viejos torturadores de la policía batistiana y este trabajo se coordinaba con el ex coronel Esteban Ventura Novo, radicado en Miami, y con el archicriminal Julio Laurent, antiguo jefe Servicio de Inteligencia Naval (SIN), con quien -según relatara Abbes García- lo sorprendió el triunfo de la Revolución el primero de enero de 1959 mientras esperaban el advenimiento del nuevo año, en el Cabaret Tropicana en La Habana.
Una vez que los esbirros cubanos terminaron de "asesorar" a sus compinches dominicanos se marcharon a Miami, donde en general terminaron plácidamente sus vidas. Hay quienes se asombran de que Estados Unidos les diera asilo, olvidándose de que tanto el Congreso como las agencias de investigación norteamericanas lo que deseaban saber de ellos, en realidad, eran los vínculos de la jerarquía cubana con los comunistas chinos y rusos, para saber con quiénes tratarían en el futuro. Por eso les otorgaron el asilo.
Fuentes: 1)Archivo General de la Nación. 2) La Jiribilla, revista de cultura cubana. 3) Revista Bohemia, enero de 1959. 4) José Buajasán Marrawi. La política exterior de la mafia cubano americana. Radio Progreso, 13 de diciembre de 2005.
Salas Cañizares, por su parte, procuró estrellas y mandos a sus hermanos (1) Así José María Salas Cañizares llegó a Teniente Coronel del ejército. Pero él no necesitaba de la sombra protectora del hermano del general Batista. Tenía alma de asesino y en el régimen batistiano éstos eran los que ascendían. Sus crímenes mayores los cometió en Santiago de Cuba donde se le nombró supervisor militar. Allí apaleó, golpeó, torturó, asesinó" A Salas Cañizares el pueblo de Santiago de Cuba lo bautizó con el terrible calificativo de Masacre, porque fue su mayor verdugo. En esta región oriental apaleó, golpeó y torturó tanto a hombres como a mujeres. Allí, dejó en la memoria de su gente, páginas de singular horror.
Manuel Antonio Bartolomé Ugalde Carrillo nació el 13 de junio de 1919 en Rodas, Las Villas. Ingresó al ejército el 3 de septiembre de 1941 como soldado. Ex jefe del SIM.
En EE.UU. mantuvo estrechos vínculos con organizaciones terroristas en acciones contra Cuba. En los primeros números especiales de la revista Bohemia (2) de 1959, en la sección "Galería de Asesinos", se señala: "Fue otro de los más destacados asesinos del régimen. Su paso por el penal de Isla de Pinos y por distintos mandos militares se distinguió por eso: porque sembró en ellos la muerte y las torturas".
Sánchez Mosquera era teniente coronel del Ejército, jefe de las operaciones en la Sierra Maestra contra los revolucionarios de Fidel Castro. Fue jefe del batallón 11, considerándosele uno de los más osados oficiales castrenses, pero a la vez, de los más criminales y ladrones. A Salas Cañizares el pueblo de Santiago de Cuba lo bautizó con el terrible calificativo de Masacre, porque fue su mayor verdugo. En esta región oriental apaleó, golpeó y torturó tanto a hombres como a mujeres. Allí, dejó en la memoria de su gente, páginas de singular horror como las que a continuación narramos.
Una mañana de septiembre de 1957, en la propia ciudad de Santiago, el chofer y los pasajeros de un ómnibus interurbano procedente del Castillo del Morro, vieron salir a un joven de las malezas aledañas a la carretera. Caminaba tambaleándose como un beodo y con las manos se sujetaba el vientre. Por una enorme herida de cuchillo, la sangre salía inconteniblemente. Era José Ramón Guillén, de dieciséis años. Había sido arrestado por un carro patrullero y conducido ante el coronel José María, quien en el curso del interrogatorio, con gesto displicente, extrajo de su cintura una bayoneta y aparentó limpiarse las uñas.En rápido y consumado ademán de matarife, hundió el filoso cuchillo en el bajo vientre del joven Guillén, abriéndole la cavidad abdominal. Sus propios hombres no pudieron disimular una exclamación de horror. Salas Cañizares requirió una hoja de papel, secó la sangre de la bayoneta, y se volvió hacia uno de sus secuaces. ¡Llévense a ese y bótenlo por ahí!
Merob Sosa García nació el 1 de diciembre de 1920. Ex Comandante del ejército batistiano. Según información desclasificada por el gobierno de EE.UU. fue uno de los esbirros que testimonió contra la Revolución en el Subcomité del Senado norteamericano de Seguridad Interna, a mediados de 1959. Fue dirigente de la organización contrarrevolucionaria La Rosa Blanca, que en su seno agrupó a la mayoría de prófugos y asesinos de la dictadura batistiana.
El coronel batistiano Esteban Ventura Novo, jefe de la Quinta Estación de Policía de La Habana, era un hombre elegante y un torturador profesional. De sus medallas se decía que chorreaban sangre. En la Cuba de 1958, tan solo mentar a Ventura escalofriaba incluso a sus secuaces.
En dos años Ventura fue ascendido de capitán a comandante y enseguida a coronel de la Policía Nacional batistiana. Esteban Ventura Novo huyó a tiempo para salvarse de la justicia revolucionaria y fue acogido por las autoridades estadounidenses. Ventura se estableció con toda comodidad en Miami, donde fundó una agencia de seguridad, la Preventive Security Service and Investigation, que estaba situada en la Calle Primera del South West y la avenida Bacon Boulevard.
El empleo de cubanos, generalmente de filiación batistiana y gangsteril, sirvió a Trujillo para la ejecución de numerosos secuestros y asesinatos en el extranjero. Por ejemplo, en diciembre de 1950, fue secuestrado en la capital cubana, el dirigente obrero dominicano Mauricio Báez, enemigo político de Trujillo y del cual nunca más se supo; el 2 de octubre de 1952, el periodista Andrés Requena, fue asesinado en Nueva York, y el 12 de marzo de 1956 era secuestrado en esa misma ciudad, el profesor vasco Jesús de Galíndez. En Cuba, Rafael Soler Puig más conocido por "el muerto", asesinó a cuchilladas por encargo de Trujillo a Manuel de Jesús (Pipí) Hernández; el 8 de agosto de 1955, en pleno gobierno del dictador Fulgencio Batista. Años antes, Soler Puig participó en el asesinato del líder obrero cubano, Aracelio Iglesias.
El escritor cubano, de Radio Progreso José Buajasán Marrawi (4) afirma que "en las investigaciones e interrogatorios llevados a cabo en República Dominicana por el siniestro jefe del Servicio de Inteligencia Militar dominicano "SIM", Johnny Abbes García, participaban viejos torturadores de la policía batistiana y este trabajo se coordinaba con el ex coronel Esteban Ventura Novo, radicado en Miami, y con el archicriminal Julio Laurent, antiguo jefe Servicio de Inteligencia Naval (SIN), con quien -según relatara Abbes García- lo sorprendió el triunfo de la Revolución el primero de enero de 1959 mientras esperaban el advenimiento del nuevo año, en el Cabaret Tropicana en La Habana.
Una vez que los esbirros cubanos terminaron de "asesorar" a sus compinches dominicanos se marcharon a Miami, donde en general terminaron plácidamente sus vidas. Hay quienes se asombran de que Estados Unidos les diera asilo, olvidándose de que tanto el Congreso como las agencias de investigación norteamericanas lo que deseaban saber de ellos, en realidad, eran los vínculos de la jerarquía cubana con los comunistas chinos y rusos, para saber con quiénes tratarían en el futuro. Por eso les otorgaron el asilo.
Fuentes: 1)Archivo General de la Nación. 2) La Jiribilla, revista de cultura cubana. 3) Revista Bohemia, enero de 1959. 4) José Buajasán Marrawi. La política exterior de la mafia cubano americana. Radio Progreso, 13 de diciembre de 2005.
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