Mentir para engañar

El asesor principal de la campaña opositora, Xavier Domínguez, es de los que sostiene que mentir a los electores es el arma legítima con la que se consigue el objetivo, que es alcanzar el poder. Está convencido de aquella vieja tesis de que una mentira repetida mil veces, se convierte en verdad.

Cabalgando en ese potro ("miente que algo queda") el ex presidente Mejía recorre todo este tramo de la campaña, utilizando la mentira como sainete, ligándola a medio verdades con el fin de crear escenarios confusos, que le permita colarse de nuevo a la Presidencia de la República. La primera gran mentira es el apodo de Papá con el que trata de esconder la farsa.

Xavier Domínguez, quien es consultor de Mejía y al que se le reconoce un buen desempeño en la Comunicación Política, convenció al equipo de Mejía de que para sostener la campaña hasta el final, lo primero que tenía que hacer, si ya no se podía cambiar el candidato, por lo menos era seguirlo escondiendo con el apodo de Papá. El mote le vino bien al gancho de Domínguez de esconder a Hipólito Mejía y su pasado, a los fines de mentir para engañar. En una contienda bélica, lo fundamental para el general es hacer ganar la guerra con los medios que tiene a su alcance. Y ese es el caso de Domínguez, que luego de sugerir impulsar la propaganda con el mote, trató de ocultarlo físicamente, sacándolo un mes a Europa. Pero ahí comenzaron los traspiés de Hipólito.

Aunque el libro de este consultor sostiene la tesis de que debe mentirse pero nunca engañar, Mejía y sus asesores han mentido, y mentirán cuantas veces sea necesario, a los fines de volver a vender el "producto" al pueblo dominicano, pues se trata de la misma figura que en el año 2000 fue mercadeada como un político atípico, que luego resultó ser un fiasco y una gran frustración para el país.

La segunda gran mentira de Hipólito fue cuando repitió una y mil veces que no iba a la reelección, que aquella constituía una maldición de la que los perredeístas convirtieron en una bandera de lucha, con el doctor José Francisco Peña Gómez a la cabeza, contra Joaquín Balaguer. Hipólito no solo se postuló nuevamente a la Presidencia, sino que compró ($) voluntades en el Congreso Nacional para modificar la Constitución. ¿Qué dice de eso la pseudo intelectualidad que aúpa el retroceso sin mediar reflexión? Nada.

La tercera gran mentira de Hipólito y sus asesores con el fin de engañar es el tema de la corrupción. Lamentablemente, relegado a un quinto o sexto lugar en el interés del elector de acuerdo con las encuestas, la corrupción como bien dijo el ilustre Pepe Goico, es el tema que le interesa a Mejía para, con mentiras y medio verdades, atiborrar a la opinión pública de confusión, hasta que la gente perciba que todo el que está en política es bandido o corrupto. Mejía, junto a su equipo, apuesta a que en medio de tanto ruido, no se pueda distinguir entre mansos y cimarrones. Una cuarta mentira la constituyó el bobo que le pusieron a la sociedad civil de que iría a un debate con Danilo. Me reí muchísimo de ciertos adláteres mediáticos de su campaña cuando se quejaban de que su pupilo no fue al debate. Me pregunto, ¿qué esperaba esa gente que pudiera debatir Hipólito con Danilo? ¿Recuerda usted, amigo lector, alguna idea auspiciosa en el discurso de Mejía? No se recuerda. Solo habla de la mordida del perro de Mamá Belica.

Y por último, quiero dejarles con algunos párrafos del capítulo "En campaña, quien lloriquea, pierde", de Domínguez, asesor de Hipólito, a continuación:

"Los llorones o lloronas ocupan los más altos cargos de la oposición. O gobiernan, o lloran, así que como el pueblo es sabio, los pone en el mejor sitio para llorar, la banca de la oposición, esa, a la que las cámaras de la TV casi nunca miran.

"Hay algo más poderoso que la acción en campaña y es la percepción que los ciudadanos tienen de los políticos, me refiero al papel que les otorgan. Los Focus Group son poderosísimos para eso, y se darán cuenta que la gente, el electorado, de forma natural coloca como oposición, como perdedor, al que protesta, se queja, y ataca en exceso.

Tras dejar claro que no todo el que pega pierde, el asesor de imagen de Hipólito termina con esta prenda:

"Estoy hablando de tu papel en el proceso, el que en su acción de comunicación la basa mayoritariamente en la crítica, en la pegada, en desacreditar, en quejarse de las reglas (JCE), de las formas, de los tiempos, de que no es convocado por los medios, menos aún logrará". Termino dando las gracias al consultor catalán Xavier Domínguez por su libro "Mienta pero no engañe", que me dedicó, y envió con mi hijo Cristian Rafael, con quien coincidió en un curso sobre comunicación política en Washington. Gracias por compartir su experiencia, me ha sido muy útil, que gane el mejor, y en este caso no es Hipólito.