La urgencia de la vacunación

El mundo entero ha comenzado una cruzada urgente para vacunar a la mayor parte de la población y cortar la cadena de transmisión del COVID-19 lo antes posible. Desde Estados Unidos y Europa llegan las imágenes de miles de personas siendo inmunizadas con productos que han sido desarrollados a toda prisa, saltando, incluso, algunos parámetros de investigación.

¿Vale la pena correr ese riesgo y acelerar protocolos de desarrollo críticos para conseguir poner fin a la pandemia en menos tiempo? Pienso que sí, que vale la pena el riesgo y las razones que sustentan esa afirmación son diversas, pero hay dos que son contundentes.

Para comenzar, el hecho de que se haya acelerado algunos pasos en el proceso científico no significa que se saltaron los protocolos básicos y que la seguridad de quienes seremos inmunizados esté en riesgo extremo. Como pasa con todo, sí habra casos de reacciones alérgicas o personas que no desarrollen la inmunidad esperada, pero esa no será la norma.

A esto se suma un factor esencial, es momento de que tomemos decisiones serias y nos expongamos a riesgos para poder retomar todos nuestras vidas. Afortunadamente para los que vivimos en estos tiempos, la ciencia ha avanzado tanto que podemos contar con vacunas en formato expreso, de modo que la pandemia sea cortada en tiempo récord. En el pasado, locuras como estas tomaron hasta décadas para ser resueltas, mientras los científicos de hoy en día han conseguido responder a la crisis en meses.

Creo que la necesidad de estar saludables y la realidad de que todos queremos retomar nuestras vidas, son factores más que suficientes para que colaboremos con el proceso de inmunización. Por ahí escucho y leo a una partida de ignorantes que difuden miedo y confusión sobre lo que este proceso significa. Mi invitación es a que no les haga caso y que, tan pronto pueda, vaya y se vacune. Eso es mejor a que el COVID-19 lo agarre mal parado a usted o a uno de sus familiares y lo mate.

Dicho eso, la mayor preocupación ahora es el acceso equitativo a esa vacuna. Acá en República Dominicana hemos visto que la genial idea del gobierno dominicano de adelantarse y comprar un lote de la vacuna desarrollada por la famacéutia Astra Zeneca y la Universidad de Oxford, ha dejado al país rezagado con relación a otros, probando la teoría que dice que “de buenas intenciones está lleno el infierno”.

Creo que toca a las autoridades dominicanas moverse y adquirir vacunas con carácter de urgencia para el personal médico y los trabajadores que están en la línea de fuego, porque ellos merecen una calma que ahora no tienen y porque también se lo han ganado con su labor.

Mientras eso ocurre, yo espero con ansias mi turno y me vacunaré tan pronto pueda, porque quiero volver a tener una vida relativamente normal y no exponerme a sufrir el COVID-19, aunque tenga que correr el riesgo de ponerme una vacuna que haya sido hecha a toda prisa.

bmorales@diariolibre.com

Periodista puertorriqueño y subdirector de Diario Libre. Ganó el Premio Nacional de Literatura Puertorriqueña, Categoría Periodismo, en 2018, por sus columnas en el periódico El Nuevo Día, del cual fue director asociado.