PRM y juego democrático
El Consejo Nacional de la Magistratura se apresta a introducir cambios en las Altas Cortes, y me inquieta que el PRM, con dos representantes en esa instancia, envíe mensajes confusos al dar la apariencia de que se niega a jugar el juego al que está obligado en ese mecanismo propio del andamiaje democrático. Es derecho del PRM objetar candidatos y decir al país, con nombre y apellido, por qué lo hace, pero no criticar como si estuviera fuera.
El PRM debe asumirse como parte de la estructura del sistema, y nunca rehuirle a contradicciones y discusiones propias de una democracia, la que se expresa en el consenso, pero a cuya salud conviene que haya conflictos. Incluso, le ayuda cierto grado de confrontación, y hasta de división.
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