El cambio es posible
El PRM pierde terreno frente a una oposición que toma fuerza
Se puede defender, sin exagerar, que Luis Abinader ha gobernado en uno de los tramos más ásperos de la política dominicana en los últimos 30 años. Llegó al poder atrapado por el COVID-19, una economía golpeada y el turismo bajo presión. Después han azotado problemas externos: el magnicidio de Jovenel Moïse el 7 de julio de 2021, que agravó el colapso haitiano; la invasión rusa a Ucrania en febrero de 2022, con efectos sobre petróleo, alimentos y fertilizantes; la crisis venezolana, que ya había empujado a millones de personas fuera de su país; y ahora la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, con presión directa sobre el petróleo.
Pero para la gente esa explicación tiene un límite. Por más crisis internacionales que se invoquen y por más comparaciones que se hagan, el dominicano no decodifica una guerra lejana, una crisis energética global o una tensión geopolítica como causas directas de su malestar cuando recibe combustibles más caros, alimentos más costosos, apagones, servicios deficientes y deterioro de la calidad de vida.
Gobernar seis años consume. Y aunque el presidente Abinader quiere ser recordado como un gobernante reformador, lo cierto es que no se tomaron decisiones verdaderamente transformadoras en los temas económicos. A estas alturas del juego, tampoco parece probable que el Gobierno las tome.
La encuesta Gallup-Diario Libre muestra justamente ese punto de inflexión: el PRM sigue arriba, pero con 30.4 % de simpatía partidaria ya no se come más de la mitad del pastel. La Fuerza del Pueblo aparece con 19.6 %, el PLD con 19.5 %, y un 23.5 % dice no simpatizar con ningún partido. Ninguna organización tendría hoy apoyo suficiente para garantizar una victoria en primera vuelta en 2028.
El dato revela que la sociedad empieza a mirar otra vez hacia otros lados. La oposición dominicana pasó años desarticulada ya sea por coacción o inacción. El PLD quedó fracturado. La Fuerza del Pueblo ha crecido hasta disputar el segundo lugar, pero tampoco ha logrado sostener un discurso opositor duradero, más allá del liderazgo de Leonel Fernández en tiempos de campaña.
La pregunta ya no es solo si el PRM puede reconstruir esperanza, sino cuál partido de oposición será capaz de interpretar ese cambio de ánimo y presentarse ante el electorado como una alternativa creíble.