Deporte: gasto prémium
El deporte se transforma en un lujo prohibitivo para el fanático común
En estos días, cuando los precios de las entradas para las Finales de la NBA fueron absurdos, hay otro gasto que también comienza a resultar ridículo: ver los partidos desde casa.
Habrá que volver a los bares para disfrutar los deportes, porque seguirlos desde el hogar se está haciendo cada vez más complejo. Tomo como ejemplo mi experiencia con la postemporada de la NBA. En República Dominicana ha supuesto un juego de malabares entre la factura fija del telecable y los pagos adicionales a distintas plataformas. Se supone que el partido está incluido en el canal contratado, pero al acceder aparece el mensaje de que el video no está disponible. Entonces toca buscar la plataforma que sí tiene los derechos.
Si uno se deja llevar por el entusiasmo termina acumulando suscripciones, pases diarios, paquetes prémium, consumo de datos móviles, cargos por temporada y aplicaciones para celulares y televisores. Son gastos hormiga que drenan el bolsillo del fanático, aunque algunos ya han crecido hasta convertirse en verdaderos elefantes.
El problema no termina en la pantalla. Asistir a los grandes espectáculos también se está convirtiendo en un lujo. En todo el mundo las entradas para partidos ordinarios son cada vez más caras y cuando se añade un evento de finales, mundiales, grandes premios y partidos decisivos suben mediante precios dinámicos, reventa y paquetes de hospitalidad.
Ciertamente el deporte es un negocio multimillonario. Los grandes contratos de los atletas y los derechos de transmisión explican parte del encarecimiento, pero la búsqueda de ingresos comienza a castigar al mismo público que sostiene la industria.
La gallina de los huevos de oro puede enfermarse si se le cobra demasiado a quien la mantiene viva. Esta fiebre por monetizar, sin justificar el robo, empuja a muchos fanáticos hacia plataformas piratas que ofrecen acceso por una fracción del costo.
La industria cree que protege el producto encerrándolo detrás de plataformas, paquetes prémium y entradas prohibitivas. Quizás, en realidad, lo está encareciendo hasta alienar al fanático común.
En estos días que se está motivando la construcción de un estadio en Santo Domingo, solo nos queda decir, cuidado con lo que queremos.
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