Los mamíferos olvidados: estudio registra 15 especies de murciélagos en el Parque Nacional Aniana Vargas

Una investigación resalta el papel de las cuevas y los bosques que las rodean como refugio y fuente de alimento para una fauna esencial en la polinización y control de insectos

Cientos de murciélagos dentro de la cueva “Hoyo de Sanabe” en el parque Aniana Vargas. (Marvin del Cid)

Cuando se habla de mamíferos nativos o endémicos de la República Dominicana, la conversación suele concentrarse en dos animales endémicos: el solenodonte y la jutía.

Ambos ocupan un lugar importante dentro de la biodiversidad de La Española, pero esa mirada deja muchas veces fuera a otro grupo de mamíferos mucho más diverso y ecológicamente relevante: los murciélagos.

Parte de esa ausencia puede explicarse por desconocimiento, pero también por lo que en conservación se conoce como sesgo de carisma: la tendencia de las personas a identificarse, preocuparse y movilizarse más por unas especies que por otras debido a su apariencia, comportamiento o cercanía cultural. 

En República Dominicana resulta incluso paradójico que numerosos mamíferos introducidos —y algunos invasores— sean mucho más familiares para la población que buena parte de los mamíferos que forman parte de la fauna propia de la isla.

Una nueva investigación pone nuevamente a los murciélagos en el centro de la biodiversidad dominicana. El estudio “Diversidad de murciélagos (Mammalia: Chiroptera) en el Parque Nacional Aniana Vargas, República Dominicana”, publicado en el número 28, correspondiente a julio de 2026, de la revista científica Novitates Caribaea, documentó 15 especies pertenecientes a cinco familias, equivalentes al 75 % de las 20 especies de murciélagos reconocidas para La Española.

La investigación fue realizada por Miguel Santiago Núñez-Novas, Arturo León, Rosanna Carreras-De León y Bruce W. Miller. Núñez-Novas aparece afiliado a Natalus Consultoría Ambiental y al Instituto Geográfico Universitario de la Universidad Autónoma de Santo Domingo; Carreras-De León, a Natalus Consultoría Ambiental; León, al Instituto Politécnico Loyola; y Miller, a Neotropical Bat Acoustic Assessments and ID Keys, en Estados Unidos. 

Un parque con una alta diversidad de murciélagos

El trabajo se desarrolló en el Parque Nacional Aniana Vargas, localizado en las provincias Sánchez Ramírez y Monseñor Nouel, un área protegida de 129.63 kilómetros cuadrados que incluye el embalse de Hatillo y un mosaico de sistemas cársticos, colinas y bosques. Según los investigadores, hasta ahora el parque carecía de estudios sistemáticos que documentaran su diversidad de mamíferos.

Los muestreos fueron realizados entre el 15 y el 25 de octubre de 2022, durante nueve noches efectivas de trabajo de campo. Los investigadores combinaron redes de niebla, trampas de arpa instaladas en entradas de cuevas, observaciones directas y monitoreo acústico mediante detectores ultrasónicos. Todos los individuos capturados fueron liberados después de su identificación. 

Las capturas y observaciones directas permitieron documentar 750 individuos de 11 especies, mientras que el monitoreo acústico agregó especies que resultan difíciles de detectar mediante métodos tradicionales. Al combinar todas las técnicas, el inventario ascendió a las 15 especies.

Entre ellas aparecen representantes de las familias Phyllostomidae, Mormoopidae, Molossidae, Vespertilionidae y Noctilionidae. Los investigadores destacan además la presencia de las especies endémicas Molossus verrilli y Pteronotus pusillus.

Uno de los hallazgos más relevantes fue la detección de Nyctinomops macrotis. Según el artículo, su presencia en el Parque Nacional Aniana Vargas constituyó el primer registro publicado para La Española desde 1982, confirmando que la especie continúa presente en la isla después de más de cuatro décadas sin registros publicados.

Cuevas llenas de vida

La investigación también muestra el extraordinario valor de los sistemas cavernarios. La cueva La Guácara concentró más del 76 % de las capturas activas realizadas durante el estudio, principalmente por las numerosas colonias de Brachyphylla pumila y Erophylla bombifrons.

Solo estas dos especies representaron juntas el 73.7 % de los individuos registrados mediante capturas y observaciones. Durante los trabajos en La Guácara, los investigadores incluso observaron lechuzas depredando murciélagos en la entrada de la cueva, una interacción que evidencia la compleja red ecológica asociada a estos refugios.

La cueva de Basilio, combinando los diferentes métodos de muestreo, presentó nueve especies, la misma riqueza registrada en la estación denominada PM-05. El estudio advierte, sin embargo, que esto no significa que todas las especies detectadas utilicen necesariamente la cueva como refugio.

Los resultados llevan a los autores a señalar que la elevada diversidad encontrada está relacionada tanto con la disponibilidad de cuevas como con su conexión con los hábitats utilizados por los animales para alimentarse. Por eso, su conservación no puede limitarse exclusivamente al interior de las cavernas: debe incluir sus entradas y los bosques y ambientes circundantes. 

Rol en los ecosistemas

Mirarlos únicamente como animales que viven en cuevas sería quedarse con una pequeña parte de su historia.

Los murciélagos ocupan distintos nichos ecológicos. En el propio Parque Nacional Aniana Vargas, el estudio encontró especies insectívoras, frugívoras y nectarívoras-generalistas.

Los autores señalan que esta diversidad funcional permite que la comunidad contribuya simultáneamente a la dispersión de semillas, la polinización y la regulación de poblaciones de insectos, procesos fundamentales para el funcionamiento de los ecosistemas tropicales.

En las capturas y observaciones del estudio, los nectarívoros-generalistas representaron el 77.9 % de los individuos, los frugívoros el 12.3 % y los insectívoros el 9.9 %.

El panorama cambia cuando se utilizan detectores ultrasónicos: aproximadamente el 87 % de los registros acústicos correspondió a especies insectívoras, una diferencia que muestra también por qué estudiar murciélagos requiere combinar diferentes métodos. 

Entre el miedo y el desconocimiento

Pese a esos servicios ambientales, los murciélagos cargan con una percepción pública muy diferente a la de otros mamíferos. Su actividad nocturna, el hecho de que muchas especies utilicen cuevas y refugios poco accesibles, y su asociación cultural con enfermedades o historias negativas contribuyen a mantenerlos fuera de la conversación cotidiana sobre conservación.

Existe, además, una relación directa entre las personas y algunas colonias a través de la llamada murcielaguina o guano, la acumulación de excrementos en determinados refugios, aprovechada tradicionalmente como fertilizante por su contenido de nutrientes.

Cuando esa extracción se realiza sin planificación ni control puede convertirse en otra forma de perturbación de las colonias y de los ecosistemas cavernarios.

También existe un componente sanitario que no debe ignorarse, aunque tampoco sobredimensionarse. Como otros animales silvestres, los murciélagos pueden albergar microorganismos capaces de producir enfermedades y algunas especies pueden participar en ciclos de transmisión hacia seres humanos u otros mamíferos. 

Esto hace importante evitar la manipulación innecesaria de individuos y mantener protocolos adecuados cuando se trabaja dentro de sus refugios. Ese aspecto, sin embargo, no disminuye su importancia ecológica ni convierte a los murciélagos en animales que deban ser perseguidos.

Una diversidad que permanece poco visible

Quizás uno de los datos que mejor ayuda a cambiar la perspectiva sea simplemente este: La Española posee 20 especies reconocidas de murciélagos, y en una sola área protegida los investigadores pudieron documentar 15.

Sobre nuestras cabezas cada noche, dentro de los bosques y en algunas de las grandes redes de cavernas de la República Dominicana, existe otro componente de nuestra diversidad de mamíferos que dispersa semillas, transporta polen y consume insectos mientras permanece prácticamente invisible para buena parte de la sociedad.

El estudio del Parque Nacional Aniana Vargas ayuda precisamente a hacer visible ese mundo y, al mismo tiempo, proporciona una línea base para su conservación. Los propios autores recomiendan establecer programas de monitoreo a largo plazo que permitan conocer la persistencia de las colonias identificadas y evaluar los efectos que los futuros cambios del paisaje puedan producir sobre ellas.

Guatemalteco con estudios en Ciencias de la Comunicación y amplia experiencia en el campo visual y multimedia. Ha trabajado para varios medios de comunicación en Guatemala y República Dominicana, y sus fotografías han aparecido en importantes publicaciones en diferentes partes del mundo.