PNUD advierte sobre democracias “bajo presión” en América Latina y el Caribe
La polarización política y el crimen organizado son factores que afectan la confianza en las instituciones democráticas, según el informe presentado por el organismo
Aunque cuatro de cada cinco ciudadanos de América Latina y el Caribe viven hoy en países democráticos, la sostenibilidad de esos sistemas, que en épocas pasadas superaron dictaduras, no se encuentra del todo garantizada. Así lo concluye el informe “Democracias bajo presión: reimaginar los futuros de la democracia y el desarrollo en América Latina y el Caribe”, presentado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).
El estudio sostiene que, pese a que la región es considerada la más democrática del mundo en desarrollo, persisten debilidades estructurales como la desigualdad económica, la falta de representación plena de grupos históricamente excluidos y el deterioro de las instituciones políticas, en particular de los partidos.
La presentación virtual la encabezaron Michelle Muschett y Almudena Fernández, representantes del PNUD, quienes alertaron sobre un creciente desencanto ciudadano con la democracia.
Desconfianza e insatisfacción
Según el informe, menos de la mitad de la población se declara satisfecha con el funcionamiento de la democracia y más del 70 % considera que los gobiernos responden a intereses particulares. Este desencanto coincide con un contexto de creciente incertidumbre.
“A esto se suman nuevas presiones, más complejas y más interconectadas, que se entrelazan con desafíos estructurales persistentes en la región”, afirmó Michelle Muschett, subsecretaria general y directora regional para América Latina y el Caribe. “Una alta polarización política, transformaciones tecnológicas aceleradas, la expansión de las economías ilícitas y del crimen organizado, y el impacto de crisis climáticas cada vez más intensas están redefiniendo el entorno en el que funcionan las instituciones”.
Además, se agrega una caída en la confianza en las autoridades electorales. Mientras en 2016 el 47 % de la población creía en estos organismos, en 2024 la cifra bajó al 34 %. En paralelo, aumentó el porcentaje de personas que considera fraudulentas las elecciones en sus países, pasando de 48,5 % a 60,6 %, de acuerdo con datos de Latinobarómetro.
El documento advierte que la región no enfrenta un colapso democrático generalizado, sino procesos graduales de erosión institucional marcados por el debilitamiento de los contrapesos, la concentración de poder en liderazgos personalistas y la expansión de discursos polarizantes.
“Paralelo al proceso de consolidación democrática, se produjeron grandes avances en materia de desarrollo. Sin embargo, esa trayectoria ha demostrado ser frágil, desigual y, en este momento, vulnerable a retrocesos”, señaló Almudena Fernández, economista jefa del organismo para la región.
Nuevas presiones
El PNUD identifica varias presiones emergentes que redefinen la relación entre ciudadanía e instituciones.
Entre ellas destaca la polarización política, que dejó de ser una diferencia de opiniones para convertirse en una dinámica de confrontación entre “nosotros y ellos”. En la actualidad, cuatro de los diez países con mayor nivel de violencia política del mundo se encuentran en América Latina y el Caribe.
El informe también advierte sobre el impacto de la revolución tecnológica y la inteligencia artificial. Según el organismo, los algoritmos y la desinformación amplifican la polarización, debilitan la deliberación pública y erosionan la confianza en los procesos electorales.
Otra preocupación es el avance del crimen organizado. A esta acción la definen como un desafío sistémico que disputa el control territorial, influye en la representación política y limita el desarrollo humano.
La migración y la crisis climática también aparecen como factores de tensión.
Más de la mitad de la población de la región considera perjudicial la llegada de inmigrantes, mientras que el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la contaminación ponen a prueba la capacidad de los Estados para administrar recursos y responder a crisis cada vez más frecuentes.
Desde el Caribe
Aunque Diario Libre preguntó por los resultados obtenidos de manera particular en República Dominicana, desde el PNUD indicaron que el documento no trata de manera particular a los países. Aún así, el informe dedica un apartado especial al Caribe, donde, aunque los niveles de polarización son menores que en el resto de la región, persisten fuertes vulnerabilidades estructurales.
Por ejemplo, casi el 60 % de los homicidios en el Caribe, se atribuyen al crimen organizado por encima del promedio regional. A esto se suman economías muy dependientes del turismo, altos niveles de endeudamiento y una exposición recurrente a desastres naturales.
Pese a ello, el PNUD destaca que las democracias caribeñas mantienen estabilidad electoral, continuidad institucional y reconocimiento internacional como bastiones de la democracia representativa.
El informe llama a “salvaguardar y renovar” las democracias de la región. Entre las principales recomendaciones figuran fortalecer la autonomía de los organismos electorales, reconstruir la representación política, limitar la influencia del poder económico sobre la política y proteger el ecosistema informativo frente a la desinformación.También, plantea reforzar la presencia y capacidad del Estado para garantizar que la participación política no esté condicionada por actores criminales ni por dinámicas de violencia. Para el PNUD, el principal desafío de América Latina y el Caribe no es solo preservar la democracia, sino renovarla para que pueda responder de manera efectiva a las demandas ciudadanas y producir resultados concretos en desarrollo humano.
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