Discurso íntegro de Abinader al asumir la presidencia del PRM
El mandatario fue juramentado este domingo junto a las demás autoridades del partido para el período 2026-2030
Compañeras y compañeros:
Hoy, al mirar este escenario y obervar tantos rostros conocidos, tantos compañeros de luchas, de dificultades y de sueños compartidos, siento algo más que alegría y gratitud, siento, ante todo, una enorme responsabilidad.
Asumo la presidencia del Partido Revolucionario Moderno con gratitud por la confianza que ustedes depositan en mí, pero también con plena conciencia de lo que significa conducir una organización que nació para hacer los cambios profundos y necesarios en la República Dominicana.
Sé lo que costó construir este partido. Sé lo que significaron aquellos primeros años, cuando solo teníamos nuestras convicciones, más esperanzas que certezas y cuando muchos pensaban que era imposible construir una nueva mayoría política en nuestro país. Teníamos todo en contra, hasta un Tribunal Superior Electoral y una Junta Electoral politizada y partidista, que nos lo ponía imposible.
Pero lo conseguimos. Y lo hicimos juntos. Y por eso hoy no llego a esta responsabilidad simplemente para administrar lo que hemos conquistado. Llego para ayudar a cuidar lo que construimos, fortalecerlo, renovarlo y consolidarlo de cara al futuro.
En este punto quiero hacer un reconocimiento al extraordinario trabajo que, con dedicación, lealtad y un profundo compromiso con nuestro partido, han realizado durante estos últimos ocho años los compañeros José Ignacio Paliza y Carolina Mejía, como presidente y secretaria general del PRM.
Al igual que a la primera dirección del partido, encabezada por: Andrés Bautista y Jesús Chu Vásquez, en aquellos momentos decisivos de nuestra etapa inicial.
Porque el PRM es mucho más que unas siglas y mucho más que una maquinaria electoral. Es una organización que nació de la indignación frente a una forma de hacer política alejada del interés colectivo, pero, sobre todo, nació de la esperanza de miles de dominicanos que querían instituciones más fuertes, una democracia más limpia y un gobierno al servicio de la gente.
Esa es nuestra primera obligación: No olvidar nunca de dónde venimos. Nosotros militamos en la democracia. Militamos en la libertad. Militamos en la honestidad, en la justicia social, en la igualdad de oportunidades y en el respeto a las instituciones. Y creemos que la política no es un instrumento para servirse del país, sino una de las formas más nobles de servir a los demás.
Por eso pertenecer al PRM significa mucho más que tener un carnet, participar en una reunión o trabajar durante una campaña electoral. Significa escuchar. Significa servir. Significa defender nuestras ideas respetando a quien piensa diferente. Y significa comprender que cada actuación nuestra construye o destruye la confianza de los ciudadanos.
Porque una elección se puede ganar con votos. Pero la confianza solamente se gana con conducta, con resultados y con el ejemplo. Y nosotros no queremos ser solamente un partido que gane elecciones. Queremos ser un partido que merezca ganarlas. Un partido que merezca la confianza de los dominicanos por lo que hace, por cómo gobierna y por la manera en que se comportan quienes lo representan.
Compañeras y compañeros:
Hoy quiero que mi primer mensaje como presidente del PRM sea muy claro: Primero está el país. Siempre primero el país y su gente. Y solo después estamos nosotros. Ese es el orden correcto. NO LO OLVIDEMOS NUNCA. Y mientras tenga el honor de presidir este partido, ese será también el orden que defenderé. Porque cuando se altera ese orden, el servicio se convierte en privilegio, el liderazgo en protagonismo y la política termina perdiendo su sentido.
El PRM debe ser siempre más grande que cualquiera de nosotros. Más grande que cualquiera de sus dirigentes. Más grande que nuestras diferencias. Más grande que nuestras aspiraciones. Y más grande, incluso, que nuestras victorias. Porque los partidos que se enamoran demasiado del poder terminan olvidando para qué lo recibieron. Nosotros no podemos permitirnos eso. No podemos convertirnos en aquello que un día decidimos cambiar.
Compañeras y compañeros;
Después de seis años de gobierno tenemos razones para sentirnos satisfechos. Hemos fortalecido nuestras instituciones. Hemos impulsado cambios que durante años parecían imposibles. Hemos defendido la independencia del Ministerio Público y blindado constitucionalmente los límites a la reelección presidencial.
Hemos reducido la pobreza a los niveles más bajos de nuestra historia y la FAO ha sacado a nuestro país por primera vez del mapa del hambre. Hemos defendido como nadie la soberanía nacional. Y hemos realizado una gran transformación de infraestructura, llevando obras y oportunidades a comunidades de todo el territorio nacional.
Pero también tenemos razones para ser humildes. Porque todavía hay dominicanos que esperan más de nosotros. Familias preocupadas por el costo de la vida. Comunidades que necesitan mejores servicios. Ciudadanos que reclaman más seguridad. Jóvenes que buscan oportunidades. Empleados públicos con salarios mínimos de miseria. Y personas que todavía sienten que el progreso no ha llegado suficientemente a sus vidas.
A ellos debemos escuchar. Porque gobernar bien no consiste solamente en celebrar lo que hemos logrado y avanzado. Consiste también en reconocer lo que falta y trabajar cada día para hacerlo mejor.
Compañeras y compañeros:
Vivimos tiempos en los que resulta fácil convertir cada diferencia en una confrontación. Yo quiero pedirle al PRM algo distinto. Quiero que seamos una fuerza de moderación, de dialogo e ideas en la República Dominicana. Y que nadie confunda moderación con debilidad. La moderación no es falta de carácter. La moderación es carácter con inteligencia. Es defender nuestras convicciones sin destruir la convivencia. Es respetar a quien piensa diferente. Es entender que delante de nosotros no hay enemigos.
Hay dominicanos que tienen otras ideas, otras preferencias y otras maneras de imaginar el futuro. Y merecen nuestro respeto. Porque la democracia no consiste en eliminar las diferencias. Consiste en aprender a convivir con ellas. Nosotros no llegamos al poder para dividir a la República Dominicana entre buenos y malos. Llegamos para gobernar para todos y de la manera correcta.
Y esa responsabilidad se vuelve todavía mayor cuando el partido que presidimos es también el partido que gobierna. Por eso quiero establecer desde hoy un principio fundamental: El partido debe apoyar al Gobierno en el cumplimiento de sus compromisos con la sociedad. Pero el Estado pertenece a todos los dominicanos.
Gobierno y partido tienen responsabilidades distintas. Y mientras yo sea Presidente de la República y presidente del PRM, cuidaré celosamente esa diferencia. El partido nunca debe convertirse en dueño del Estado. Y el Estado nunca debe convertirse en instrumento de un partido. Esa es también una manera de honrar la democracia y los valores que defendemos.
Perremeístas:
Tenemos que volver siempre a nuestras bases. Escuchar a nuestros dirigentes y reconocer a quienes sostuvieron este proyecto cuando hacerlo era difícil. Abrir más espacios para los jóvenes y para las mujeres. Formar políticamente a nuestra militancia. Modernizar nuestras estructuras. Incorporar nuevos talentos. Y mantener al PRM permanentemente abierto a la sociedad dominicana.
Porque un partido que deja de escuchar comienza a alejarse de la gente. Un partido que deja de renovarse comienza a envejecer. Y un partido que abandona sus principios termina perdiendo su razón de ser.
Por eso quiero concentrar nuestra tarea en cuatro compromisos:
• Cuidar la unidad sin imponer uniformidad.
• Fortalecer nuestra democracia interna.
• Renovar y formar permanentemente al partido.
• Y mantener al PRM abierto a la sociedad.
Para ayudarme a completar esta tarea, quiero informarles que nuestro compañero Deligne Ascensión tendrá la responsabilidad de conducir el día a día de la organización. Deligne, como miembro fundador conoce este partido, sus dirigentes y sus bases. Cuenta con mi confianza y tendrá todo mi respaldo para trabajar por su fortalecimiento, su unidad y su renovación.
Compañeras y compañeros:
Nos acercamos también a un nuevo ciclo político. En nuestro partido existen aspiraciones legítimas. Eso es natural. Somos un partido democrático. Las aspiraciones no deben preocuparnos. Lo que debemos cuidar es la manera en que esas aspiraciones se expresan. Y sobre esto quiero hablar con absoluta claridad.
Mi responsabilidad como presidente del PRM no será escoger quién habrá de sucederme en la Presidencia de la República. No llego a la presidencia de este partido para construir una candidatura ni para imponer un heredero o heredera política. Llego para garantizar algo mucho más importante: Que cuando llegue el momento, todos los compañeros y compañeras con aspiraciones legítimas encuentren un partido institucional, democrático, imparcial y unido. Que puedan competir con reglas claras. Que nadie utilice posiciones públicas para obtener ventajas indebidas. Y que ninguna aspiración personal sea colocada por encima de la unidad del partido. Serán los perremeístas, mediante los mecanismos democráticos de nuestra organización, quienes decidan. Y después será el pueblo dominicano quien tenga la última palabra. Así debe funcionar una democracia. Y así funcionará el PRM.
Habrá competencia. Debe haberla. Habrá diferencias. Es saludable que existan. Pero al terminar cada competencia debemos seguir siendo compañeros. Porque nuestro verdadero adversario no está dentro de este partido. Nuestro verdadero adversario sigue siendo la pobreza, la desigualdad, la inseguridad, las amenazas a la democracia, la falta de oportunidades y todo aquello que impida que un dominicano pueda vivir con dignidad y paz.
Compañeras y compañeros:
Después de años de lucha llegamos al Gobierno. Y después de seis años gobernando tenemos una responsabilidad quizás más difícil que la que tuvimos cuando éramos oposición: Demostrar que el poder no nos cambió. Demostrar que seguimos escuchando. Que seguimos siendo capaces de corregir. Que podemos renovarnos. Y que los valores que defendíamos cuando buscábamos la confianza de los dominicanos son los mismos que defendemos ahora que la tenemos.
Ahí es cuando se sabe si los principios eran convicciones o simplemente palabras. Queremos que el PRM pueda mirar siempre a los dominicanos a los ojos. Que podamos reconocer nuestros errores cuando los cometamos. Que tengamos la humildad de corregirlos. Y que jamás toleremos que el interés particular se coloque por encima del interés colectivo. Tenemos una historia de la cual sentirnos orgullosos. Pero el país cambia. Las nuevas generaciones demandan otra política. Y los ciudadanos son cada vez más exigentes.
Eso es bueno. Porque nuestro desafío no es pedirles a los dominicanos que nos agradezcan lo que hemos hecho. Nuestro desafío es darles nuevas razones para confiar. No debemos aspirar a permanecer en el poder porque creemos que nos pertenece. El poder nunca pertenece a un partido. Pertenece a los ciudadanos, que deciden temporalmente a quién se lo confían. Nuestra obligación es merecer esa confianza cada día.
Y cuando llegue nuevamente el momento de las elecciones, serán los dominicanos quienes juzguen nuestro trabajo. Con respeto absoluto a su decisión. Así entendemos la democracia. Así nació el PRM. Y así quiero que siga siendo.
Compañeras y compañeros:
Hoy asumo esta responsabilidad sin olvidar por un instante que tengo otra todavía mayor. Soy presidente del Partido Revolucionario Moderno. Pero también soy Presidente de la República Dominicana. Y eso significa gobernar para quienes votaron por nosotros y para quienes no lo hicieron. Para quienes nos apoyan y para quienes nos critican. Para quienes comparten nuestras ideas y para quienes legítimamente las combaten.
Esa obligación está por encima de cualquier interés partidario. Y quiero que nunca exista ninguna duda sobre ello. Por eso hoy les pido que cuidemos este partido. Que cuidemos su unidad. Que cuidemos su democracia. Que cuidemos sus valores. Pero, sobre todo, que nunca permitamos que el poder nos haga olvidar la razón por la que un día decidimos construirlo.Que nadie olvide de dónde venimos. Que nadie olvide para quién gobernamos. Y que nadie olvide que, por encima de cualquier aspiración personal, de cualquier cargo, de cualquier partido y de cualquier elección está siempre la República Dominicana.
Las elecciones pasan. Los gobiernos pasan. Los dirigentes también pasamos. Yo también pasaré. Y esa conciencia no me debilita: Me obliga. Porque nuestra responsabilidad no es aferrarnos a los cargos. Es dejar instituciones más fuertes que nosotros. Es abrir caminos para quienes vienen detrás. Es demostrar que se puede ejercer el poder respetando sus límites.
Y es dejar transformaciones que permanezcan en la vida de nuestra gente mucho después de que nosotros hayamos terminado nuestra tarea. Ese debe ser nuestro verdadero legado. Ya demostramos que podíamos construir un partido. Demostramos que podíamos ganar la confianza del pueblo dominicano. Ahora debemos demostrar algo todavía más importante: Que podemos ejercer el poder sin sentirnos dueños de él. Que podemos competir sin dividirnos. Que podemos gobernar sin dejar de escuchar. Que podemos renovarnos sin perder nuestros principios.
Yo les garantizo que, si seguimos trabajando unidos y con el proyecto de cambio que esta transformando este país, no solo ganaremos las siguientes elecciones, sino que transformaremos el país para siempre y el PRM tendrá muchas más victorias por delante. Ese es el compromiso que asumo hoy ante ustedes. Un PRM fuerte, pero nunca arrogante. Un PRM unido, pero nunca cerrado. Un PRM competitivo, pero profundamente democrático. Sigamos adelante, compañeros y compañeras. Con humildad para escuchar. Con unidad para avanzar. Con firmeza para defender nuestros valores. Y poniendo SIEMPRE a la República Dominicana por delante de todos y todas.
¡Que viva el Partido Revolucionario Moderno!
¡Que viva la democracia!
¡Y que viva siempre la República Dominicana!
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