Alberto Cortez se reinventa en un concierto histórico

Acompañado de la Orquesta Sinfónica, dio cátedra de arte

Alberto Cortez se había presentado cuatro años atrás.
Santo Domingo. Casandra Internacional para Alberto Cortez, que el espectáculo de la noche del miércoles en el Teatro Nacional, clasifica como uno de los más importantes de los últimos tres años.

"Lo de esta noche es histórico", comentan entre sí algunos miembros de la Orquesta Sinfónica Nacional tras bambalinas, una vez concluido el concierto que trajo de regreso, después de cuatro años de ausencia, al cantautor argentino radicado en España.

Con unas cuantas libras de más, 65 años sobre la espalda y la mano izquierda aún afectada por lesiones de un accidente cerebro vascular, se pregunta al inicio del espectáculo: "¿Adónde el camino irá?"

El paso breve, inseguro, una calvicie enmascarada detrás del cabello canoso que cae aplastado sobre la frente, vestido de negro, Alberto Cortez, con la voz intacta, canta tres poemas de Antonio Machado. Luego anuncia: "A partir de ahora, asumo la responsabilidad de cada texto", y regala "La Vejez", con arreglo especial de Amaury Sánchez, culpable de esta noche extraordinaria y director de la OSN para la ocasión.

Después, Fernando Badías, su pianista, le acompaña a decir "la ternura es una mano que se tiende en el vacío..."

Sentado en una alta banqueta, con gestos imprecisos en la mano izquierda, la cara más ancha y, reitero, la voz intacta, Alberto Cortez recibe una andanada de aplausos por "Distancia". Temblor del micrófono en su mano derecha, pero es que siempre ha temblado.

"Siempre hay algo más..." Gestos de hombre viejo, que en escena se rasca la frente con esa mano izquierda, enferma.

"Miguel, ¿de qué color es la temperatura?" se pregunta casi con César Vallejo, como en aquel memorable poema A mi hermano Miguel, in memoriam. Casi llora, al fin asoman lágrimas. La voz intacta.

Alberto Cortez, conoce los secretos para tener más de tres mil almas en el puño y hacerlos reír y llorar. "Yo quiero ser bombero", aquí al piano le falta algo de brillo. Saltando de la tristeza a la alegría, regresa a la tristeza con "El Abuelo", y vuelve a la alegría con "La Bordadora de Luz". Y la voz intacta, baja o sube y susurra: "A medios puntos de cruz/ siga bordando en mi alma".

El poeta que es, como actor y músico, dice el poema "Qué suerte he tenido de nacer". Y canta "Te sigo queriendo como el primer día..." acompañado de la orquesta. Rejuvenece Alberto Cortez. Primera ovación, el teatro de pie.

Homenaje a su poeta preferido: Neruda

Canta a su perro y luego a Pablo Neruda, en una carta musical que nos devuelve al poeta que nunca estuvo, que no pudo venir al país, gracias a los extremismos ideológicos, a los terrorismos culturales. Fernando Badías, pianista que viaja con el cantante argentino, hace un solo que se aplaude, y luego se escucha al mismísimo Neruda, con aquella vocecita austral: "Puedo escribir los versos más tristes esta noche/ escribir por ejemplo la noche está estrellada...". Apenas ha terminado la primera parte del espectáculo.

Como nadie distribuye sus discos en el país, Alberto se trajo algunos que firmó solícito al finalizar el concierto, que reinicia con las Nanas de la cebolla, de Miguel Hernández. Canta al árbol plantado junto a su madre y después declara que Amaury Sánchez "es desde ahora, uno de mis grandes amigos".

Vuelven canciones a piano y con orquesta. "Te llegará una rosa cada día..."; un tema de consejas sobre el amor a una ahijada de apenas un año; "En un rincón del alma"; "Amor desolado", que gana otra ovación y vuelve a poner al teatro de pie ("cada vez que canto esta canción me tengo que revisar a ver si me falta un riñón", comentó).

"Por construir castillos en el aire..." permite, con un arreglo alegre un desempeño excelente de la orquesta. Pone a participar al público, lo hace con humor... y se despide. Otra ovación. Teatro de pie. Regresa y entona "Cuando un amigo se va...", termina cantando sin micrófono, a puro pulmón, acompañado de la mayor agrupación musical del país. Ovación. Teatro de pie. La voz intacta.