Analógica nostalgia en "Las ventajas de ser invisible"

Parte del elenco de Las ventajas de ser invisible.

SANTO DOMINGO. En la historia de la narrativa hay géneros que se reciclan. Es el caso de la novela epistolar, aquella que utiliza la forma de la carta para contar una historia a destinatarios reales o ficticios. Este tipo de relato ha sido adaptado en diferentes ocasiones al cine, destacándose los filmes "Drácula" (1931), "El color púrpura" (1982) y "Amistades peligrosas" (1988).

La película que hoy nos ocupa es la adaptación de una novela epistolar escrita en 1999, que tiene la singularidad de haber sido dirigida por el propio autor de la obra literaria. Es una discreta producción, bien tratada por la crítica en general, que ha sido, además, un éxito de taquilla, tanto dentro de su país de origen como en el extranjero. Es un buen ejemplo de apuesta por narrar cuestiones universales, a través de la historia de un joven retraído que busca su lugar en el mundo.

El callado Charly

Charly es un adolescente que entra a primero de su educación media en Pittsburgh, Pensilvania. Inseguro y tímido, le gusta la literatura y hace amistad con su profesor de lengua inglesa. Es atraído por el extrovertido Patrick y su hermanastra Sam, estudiantes de cursos superiores, que le introducen en un mundo nuevo, donde Charly va perdiendo poco a poco su inocencia. A través de la música, el grupo va accediendo a dimensiones diferentes de la existencia, donde la libertad, las drogas y la sexualidad precoz forman parte del mundo juvenil de la década de los 70.

Pasar desapercibido

El título original en inglés utiliza el término "wallflower", que se refiere a individuos carentes de habilidades sociales. El término proviene de las personas que en bailes y fiestas permanecían cerca de la pared mirando al resto. La baja autoestima, es el rasgo principal del personaje protagonista, que va contando fragmentariamente una historia oculta, que es la causa de sus angustias y depresiones. Pero lo interesante es que nos vamos enterando de las intimidades de quienes le rodean, cargadas también de conflictos existenciales.

Un retrato social

La familia, la escuela pública y los amigos son los círculos donde transcurre la historia, y ello va dando cuenta no solo de un grupo de jóvenes de una ciudad en particular, sino de toda una generación. La llamada adolescencia tiene aquí un retrato de cuerpo entero. De allí el éxito de la novela y de su versión cinematográfica.

Analógica nostalgia

Como película de época, de interés es el papel que el guión asigna a los antiguos sistemas analógicos de reproducción de sonido. Discos de pasta y casetes son los instrumentos que se utilizan, tanto para transferir conocimiento como para expresar sentimientos. También es importante la máquina de escribir, objeto que intermedia entre el protagonista y el espectador. Las cartas que Charly escribe son al mismo tiempo síntesis y transición en el relato.

Eficacia narrativa

Los recursos del lenguaje cinematográfico se utilizan de manera simple pero eficaz. El flashback para los recuerdos de infancia y los monólogos interiores del protagonista dosifican y completan la información. El ritmo narrativo es creciente, y conduce a un final esperanzador, que asume el pasado como tal, dejando el futuro como una tarea personal impostergable para crecer y convertirse en adulto.

Recomendable para quienes trabajan con jóvenes, para quienes todavía no encuentran su lugar en el mundo y en especial para quienes creen que su dolor es único.

Ficha técnica

The Perks of Being a Wallflower. EE.UU. 2012. 102 minutos.

Dirección y guión: Stephen Chbosky, basado en un libro de su autoría.

Música: Michael Brook

Fotografía: Andrew Dunn

Intérpretes:

Logan Lerman

Ezra Miller

Emma Watson

Paul Rudd

Dylan McDermott

Kate Walsh

Julia Garner