Armando Villegas, la voz del ocre y el oro

Una de las obras de Villegas.
SANTO DOMINGO. Armando Villegas llega del Renacimiento. Pariente de Durero, cursó estudios en su taller, alrededor de 1500, dicen. Cuentan que un día, el buen muchacho, -viajante empedernido en el tiempo, donde se ha ido llenado de personajes (nacido en realidad en Perú en 1926, pero colombiano por convicción y vida)-, al llegar al taller del maestro encontró que su caballete estaba ocupado por otro joven. "Vuele con alas propias", dicen que le dijo. "Usted puede llegar muy lejos".

Tanto es así que este 2 de mayo, el maestro Armando Villegas expone sus "Personajes sin tiempo" en la Galería Francisco Nader. Personajes asumidos -en otra de sus visitaciones- a las huestes del rey Dusan, cantadas por Desanka Macsimovic. Es un decir.

Imágenes sacadas de una tradición gótica, pasadas por el tamiz de antiguos grabados de la colonización, estos personajes posan para Villegas en las estaciones de los ancestros en medio del remolino y los rejuegos del tiempo.

Detrás de cada rostro curtido por el sol, el salitre y la vegetación agreste, hay un universo de dramas, una tragedia o una ternura que bien pudieran descubrirse con solo escrutar los ojos, más allá del ocre y el dorado de las armaduras, los pájaros, las bestias y otras fabulaciones –por aquí una mansión, por allá un tramado, acullá viejos maderos-.

Dueño de un laboratorio de inquietudes, su propio taller, ahora Villegas, -de quien debe haber bebido Cosme Proenza, otro seguidor de Durero en el Caribe-, trae sus personajes sin tiempo gracias al boleto de ida y vuelta en la máquina del tiempo, que se agenció hace siglos. Desde el 2 de mayo podremos viajar con él a esos tiempos en que las cosas casi no tenían nombre.