Azul extremo, una cinta para decisiones morales
Guión con sorpresas, cámara con buen desempeño
Santo Domingo. Filme de aventuras ambientado en la isla de Bahamas, cuyo eje narrativo es el hallazgo casual de un barco hundido que contiene un tesoro, a pocos metros de un avión con un cargamento de cocaína. Se plantea entonces el dilema moral a los protagonistas, usar o no la droga para conseguir el dinero que implica rescatar el tesoro.
Un guión con el justo grado de sorpresa permite a la dirección el lucimiento de sus personajes gracias a una cámara que pasa casi inadvertida, tanto fuera como debajo del agua. En ello destacan las sensuales curvas de la joven Jessica Alba, a quien ya habíamos visto como la mujer invisible en ¨Los cuatro fantásticos¨. Su pareja en el filme, Paul Walker, demuestra que no solo es diestro conduciendo carros ( ¨The fast and furious¨ ), sino que también puede bucear y conducir motores acuáticos. Le queda bien su personaje de niño bueno que busca tesoros, una especie de boy scout, que fruto de la debilidad de sus amistades se ve envuelto en una peligrosa trama.
Personajes y actitudes
Pero lo más destacable de esta película es que el dilema moral se plantea solo en torno al dinero mal habido, no ante el valor de la vida. Los protagonistas dudan acerca de usar o no usar algo ilícito para sus fines, pero no dudan un instante en matar, sin ningún remordimiento. Incluso Sam (Jessica Alba), el personaje que enarbola la bandera de la moralidad y que representa los principios que deben defenderse, actúa con premeditación y alevosía, al arrojar a los tiburones a uno de los malos de la película.
Tal comportamiento de los personajes resulta incongruente con la dimensión más profunda de los personajes, pero ello no es casual, claramente obedece a un lineamiento establecido por la industria que para nada es inocente. Es en las motivaciones más profundas de los personajes donde se desnuda el sentido ideológico de cualquier filme, y éste quiere dejar en claro donde está el límite entre ¨buenos y malos¨. Recomendable para recordarnos que el maniqueísmo sigue campeando por los alrededores de Hollywood.
Pero lo más destacable de esta película es que el dilema moral se plantea solo en torno al dinero mal habido, no ante el valor de la vida. Los protagonistas dudan acerca de usar o no usar algo ilícito para sus fines, pero no dudan un instante en matar, sin ningún remordimiento. Incluso Sam (Jessica Alba), el personaje que enarbola la bandera de la moralidad y que representa los principios que deben defenderse, actúa con premeditación y alevosía, al arrojar a los tiburones a uno de los malos de la película.
Tal comportamiento de los personajes resulta incongruente con la dimensión más profunda de los personajes, pero ello no es casual, claramente obedece a un lineamiento establecido por la industria que para nada es inocente. Es en las motivaciones más profundas de los personajes donde se desnuda el sentido ideológico de cualquier filme, y éste quiere dejar en claro donde está el límite entre ¨buenos y malos¨. Recomendable para recordarnos que el maniqueísmo sigue campeando por los alrededores de Hollywood.