¿Qué significa un diagnóstico de enfermedad inflamatoria intestinal?

La EII es un término que agrupa afecciones crónicas caracterizadas por inflamación e hinchazón del tracto digestivo

La enfermedad inflamatoria intestinal incluye principalmente la colitis ulcerosa y la enfermedad de Crohn. (Fuente externa)

Recibir un diagnóstico de enfermedad inflamatoria intestinal (EII) puede generar miedo, dudas e incertidumbre. Sin embargo, también es el primer paso para entender lo que ocurre en el cuerpo y comenzar un plan de tratamiento que permita recuperar calidad de vida.

La EII es un término que agrupa afecciones crónicas caracterizadas por inflamación e hinchazón del tracto digestivo. Las dos formas principales son la colitis ulcerosa y la enfermedad de Crohn. Aunque comparten síntomas, no son iguales ni evolucionan de la misma manera.

“La enfermedad inflamatoria intestinal incluye principalmente la colitis ulcerosa y la enfermedad de Crohn”, explica la doctora Kellie Mathis, cirujana colorrectal en Mayo Clinic. “Algunas personas tienen una forma leve de la enfermedad, mientras que en otras puede ser debilitante y provocar complicaciones potencialmente mortales”.

¿Cuál es la diferencia?

La colitis ulcerosa afecta el colon y el recto, donde se forman llagas o úlceras que provocan inflamación continua. La enfermedad de Crohn, en cambio, suele comprometer el intestino delgado y puede afectar capas más profundas del tracto digestivo, además de estar asociada con pérdida de peso.

Entre los síntomas más frecuentes de ambas condiciones se encuentran dolor abdominal persistente, diarrea, sangrado rectal y fatiga extrema. En muchos casos, estos signos aparecen de manera intermitente, con períodos de brotes y otros de remisión.

Cómo se confirma el diagnóstico

El diagnóstico de la EII no depende de una sola prueba. Generalmente implica una combinación de análisis de sangre (para detectar inflamación, anemia o infección), estudios de heces y procedimientos endoscópicos.

Entre estos últimos se encuentran la colonoscopia y la sigmoidoscopia flexible, que permiten visualizar el interior del colon; la endoscopia digestiva alta, cuando los síntomas involucran la parte superior del sistema digestivo; y estudios más avanzados como la cápsula endoscópica, que utiliza una pequeña cámara ingerible para examinar el intestino delgado.

Una biopsia, tomada durante la endoscopia, es clave para confirmar el diagnóstico y descartar otras causas de inflamación.

Tratamientos: del medicamento a la cirugía

En la mayoría de los casos, el tratamiento inicial incluye medicamentos antiinflamatorios, inmunosupresores y terapias biológicas que actúan sobre vías específicas del sistema inmunitario.

“La mayoría de las personas con EII son tratadas inicialmente con medicamentos”, señala la Dra. Mathis. “Sin embargo, la cirugía puede resultar necesaria cuando los medicamentos dejan de ser eficaces, no se toleran bien o cuando surgen complicaciones”.

En la colitis ulcerosa, cuando los fármacos no logran controlar la enfermedad o aparecen complicaciones graves, puede realizarse una colectomía, que consiste en la extirpación del colon y el recto.

En muchos casos, se crea una bolsa interna conectada al ano para permitir la eliminación natural de los desechos. Si esto no es posible, se realiza una ileostomía, una abertura permanente en el abdomen.

En la enfermedad de Crohn, hasta dos tercios de los pacientes podrían necesitar al menos una cirugía a lo largo de su vida. El objetivo es retirar la parte dañada del intestino y conservar la mayor cantidad posible de tejido sano. También puede ser necesaria ante fístulas, obstrucciones o perforaciones.

Decisiones compartidas y calidad de vida

Cada caso es distinto. La gravedad de la enfermedad, su localización, la respuesta a los medicamentos, el estado nutricional y las preferencias personales influyen en las decisiones terapéuticas. Salvo en emergencias, suele haber tiempo para analizar opciones con calma y en equipo.

“Si usted se enfrenta a una cirugía por EII, debe saber que no está solo y que no está sin opciones. El objetivo de la cirugía siempre es mejorar su calidad de vida, reducir los síntomas y prevenir complicaciones”, afirma la especialista, quien recomienda buscar atención en centros con experiencia y fomentar una comunicación abierta entre paciente, gastroenterólogo y cirujano.

Más allá del diagnóstico, vivir con EII implica aprender a escuchar el cuerpo, adoptar hábitos que favorezcan el bienestar y apoyarse en un equipo médico capacitado.

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