Layli Reyes: "Viajar slow es cambiar la lista de destinos por recuerdos que duran toda la vida"
Layli Reyes, fundadora de Italia Ritmo Slow, explica cómo cambiar la forma de viajar -y no el presupuesto- puede transformar completamente la experiencia de un destino
En una época en la que muchos viajes se convierten en maratones de destinos y fotografías, el slow travel propone todo lo contrario: bajar el ritmo, observar y vivir cada lugar con intención.
Pero ¿qué significa realmente viajar despacio y qué beneficios tiene esta filosofía cada vez más popular?
Desde su proyecto Italia Ritmo Slow, la diseñadora de viajes Layli Reyes explica en qué consiste este enfoque y por qué está transformando la manera de descubrir los destinos.
Para ella, redescubrir un destino implica hacerlo desde una mirada más consciente, donde el tiempo, la cultura y los pequeños momentos -un café en una plaza, una conversación con un productor local o una larga comida- se convierten en el verdadero lujo del viaje.
Layli, ¿recuerdas el momento en que entendiste que tu forma de viajar era distinta y que querías compartir esa filosofía con otros?
Creo que todo comenzó cuando era muy joven. Tenía 18 años cuando llegué a Italia y tuve la oportunidad de conocer el país no solo como turista, sino también viviendo allí. Eso me permitió observar cómo los italianos disfrutan sus ciudades, cómo se toman el tiempo para un café, una comida o una conversación.
Al mismo tiempo, también viví la experiencia de viajar en grupos más masivos, con itinerarios muy apretados. Ese tipo de viaje me generaba estrés y ansiedad, y me di cuenta de que no era la forma de turismo que yo quería ofrecer.
Fue ese contraste lo que, años después, me inspiró a crear Italia Ritmo Slow: una manera de viajar con más calma, con intención y disfrutando realmente cada lugar.
El concepto de slow travel está cada vez más presente, especialmente en 2026. En palabras simples, ¿qué significa realmente viajar slow?
Viajar slow significa viajar con intención. No se trata de ver más lugares, sino de vivirlos mejor. Es permitirte dedicar tiempo a los detalles, a las personas, a la cultura local. Es cambiar la idea de “tachar destinos de una lista” por la de crear recuerdos que realmente te acompañen toda la vida.
Esta filosofía mantiene la idea de que no se trata tanto del destino, sino de la actitud. ¿Cómo cambia la experiencia cuando uno viaja desde ese enfoque?
Cambia completamente. Cuando viajas con otra actitud, empiezas a notar cosas que normalmente pasarían desapercibidas: una conversación con un productor local, el aroma de una panadería al amanecer, el silencio de una plaza cuando cae la tarde.
El viaje deja de ser solo un recorrido y se convierte en una experiencia.
A primera vista, puede parecer un estilo de viaje más exclusivo o incluso más costoso. ¿Es un mito o una realidad? ¿Cómo es, en verdad, viajar slow?
Es una percepción bastante común, pero en realidad depende mucho de cómo cada persona decide vivir su viaje. Viajar slow no está definido tanto por el presupuesto, sino por la forma en que se experimenta el destino.
Por supuesto, puede vivirse de una manera más exclusiva, con hoteles boutique, villas privadas y experiencias muy personalizadas, lo que naturalmente eleva el nivel del viaje. Pero la esencia del slow travel no está en el lujo, sino en el tiempo, en la calidad de las experiencias y en la conexión con el lugar.
Lo que cambia realmente es la prioridad: en lugar de intentar ver todo en poco tiempo, el viajero elige vivir cada momento con más profundidad. Y eso transforma completamente la forma de viajar.
¿Qué descubre un viajero cuando deja atrás el itinerario apretado y se permite viajar sin prisa?
Descubre el destino de una manera completamente distinta, casi como si lo mirara con otros ojos. Empieza a conectarse con la cultura, con las personas y con el ritmo natural del lugar. Tiene tiempo para notar detalles que normalmente pasarían desapercibidos cuando se viaja con prisa.
Puede sentarse en una plaza, observar la vida pasar, disfrutar una comida tranquila en un restaurante local o descubrir los sabores y tradiciones del territorio a través de su gastronomía.
Son momentos sencillos, pero profundamente enriquecedores, y muchas veces se convierten en los recuerdos más memorables del viaje.
"Italia Ritmo Slow" presenta en Santo Domingo su filosofía para descubrir Italia
En la práctica, ¿cómo se vive eso de “bajar el ritmo” cuando estamos en un destino? ¿Qué cambia en el día a día del viaje?
Bajar el ritmo significa tener espacio en el día. Tal vez dedicar una mañana completa a un pequeño pueblo, almorzar sin mirar el reloj o sentarse en una terraza simplemente a observar la vida pasar. No se trata de hacer menos, sino de vivir cada momento con más profundidad.
Más allá del disfrute, ¿qué beneficios reales has visto en las personas que adoptan esta forma de viajar?
Más allá del disfrute, uno de los beneficios más claros que he visto es cómo las personas regresan de sus viajes mucho más renovadas.
Al dedicar tiempo a experiencias enriquecedoras y también a momentos de calma, incluso a simplemente no hacer nada, los viajeros logran desconectar realmente del ritmo cotidiano. Descansan, se recargan y se conectan más profundamente con el lugar.
Muchas personas me dicen que regresan más felices y con la sensación de haber vivido el destino de forma diferente. Y algo muy bonito que ocurre es que, en lugar de sentir que “ya lo vieron todo”, desean volver para seguir descubriendo ese lugar y vivir nuevos momentos allí.
Muchos sienten que no tienen tiempo suficiente para viajar despacio. ¿Es posible incorporar el slow travel incluso en vacaciones más cortas?
Sí, absolutamente. No depende de la duración del viaje, sino de cómo se diseña. Incluso en una semana se puede elegir una región, explorarla con calma y disfrutar experiencias auténticas en lugar de intentar verlo todo.
¿Qué recomendaciones darías a alguien que quiere empezar a viajar slow por primera vez?
Mi primera recomendación sería elegir menos destinos. La segunda, dejar espacios libres en el itinerario. Y la tercera, abrirse a experiencias locales: mercados, talleres artesanales, productores, pequeños restaurantes familiares. Ahí es donde vive la verdadera esencia de un lugar.
Italia parece el escenario perfecto para este estilo de viaje. ¿Qué tiene este país que invita naturalmente a vivirlo sin prisa?
Italia tiene una relación muy especial con el tiempo. La cultura, la gastronomía, las tradiciones... todo invita a detenerse y disfrutar. Desde una comida de varias horas hasta una caminata por un pueblo medieval, el país te enseña naturalmente a bajar el ritmo.
Si tuvieras que describir una experiencia slow en el país de la bota, ¿cómo sería ese viaje ideal?
Sería despertar en una villa en la Toscana, abrir la ventana y admirar sus hermosos paisajes. Desayunar con productos locales, visitar un pequeño pueblo cercano, almorzar en una trattoria familiar y terminar el día con una copa de vino frente al atardecer. Sin prisas, sin horarios rígidos. Solo disfrutando cada momento.
La Toscana es uno de esos destinos soñados, pero también muy visitados; ¿cómo logras que cada viaje allí se sienta exclusivo y distinto?
La clave está en varios factores: la temporada en la que se viaja, el tipo de experiencias que se eligen, los alojamientos y, sobre todo, el tiempo que se dedica a descubrir la región.
La Toscana es mucho más que los lugares más conocidos. Florencia, por ejemplo, es maravillosa y forma parte del viaje, pero la verdadera magia muchas veces está en perderse por pequeños pueblos, caminos rurales y rincones menos explorados.
Además, trabajamos con proveedores locales, bodegas familiares y experiencias privadas que permiten descubrir la Toscana desde dentro. Eso transforma completamente la experiencia del destino y permite vivirlo con más autenticidad y sin el estrés del turismo masivo.
Desde tu experiencia diseñando viajes a medida, ¿qué tres destinos en Italia recomendarías a quienes buscan algo diferente?
Italia tiene muchísimos lugares maravillosos más allá de los destinos más conocidos. Si tuviera que recomendar tres para quienes buscan algo diferente, diría Puglia, Sicilia y las Dolomitas.
Puglia ofrece un ritmo de vida muy auténtico, pueblos blancos llenos de encanto, una gastronomía extraordinaria y paisajes mediterráneos muy especiales.
Sicilia, por su parte, es una isla fascinante donde se mezclan culturas, historia, volcanes, mar y una cocina increíblemente rica.
Y las Dolomitas son perfectas para quienes aman la naturaleza y los paisajes espectaculares. Es un lugar donde el viaje se vive a otro ritmo, entre montañas imponentes, pequeños pueblos alpinos y experiencias muy conectadas con el entorno.
Son regiones que muestran otra cara de Italia, igual de hermosa, pero menos explorada por muchos viajeros.
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