Consejos fáciles para ser feliz: porqué no funcionan

La psicoterapeuta María Ibáñez y el psicólogo Jesús Jiménez, quienes consideran que el camino para alcanzar la felicidad consiste en resolver aquello que nos impide ser felices

Una persona no puede cambiar su realidad psicológica y ser feliz por el mero empeño o fuerza de voluntad. (Freepik)

“Muchos consejos psicológicos divulgados son ineficaces, incluidos los de los considerados expertos en psicología”, señalan María Ibáñez, psicoterapeuta y especialista en salud mental, y Jesús Jiménez, psicólogo especialista en psicoterapia; ambos escritores, conferenciantes y cofundadores del Centro de Psicología e Introspección (CPI), en Madrid, España.  

Con una mirada crítica y transformadora, aplicando “una psicología basada en la realidad” y basándose en sus propias investigaciones y práctica clínica, Ibáñez y Jiménez desmitifican y ponen en duda la eficacia de muchas de las tesis o soluciones dominantes o en auge, que muchos especialistas proponen para resolver los conflictos, dejar de sufrir y alcanzar la felicidad.

También cuestionan la falsa sensación de consenso entre los profesionales dedicados a la mente humana —un consenso que en realidad no existe—, que reflejan expresiones como “los expertos dicen”, “según los psicólogos” o “según la psicología”, frecuentes en infinidad de artículos divulgativos que proponen distintas fórmulas, recetas, consejos o métodos para ser feliz

Recetas ineficaces

Algunos consejos son tan llamativos como el de “llevar calzado cómodo”, una idea que según los directores del CPI “raya en lo absurdo”.

Otras “recetas ineficaces” para la felicidad como ‘ser agradecido’ o ‘tener empatía con los demás’, “dan por sentado que uno puede adquirir ciertas cualidades por el mero hecho de decidir adquirirlas”, señalan.  

“Si ser feliz fuera tan simple, con decidir serlo estaría todo resuelto, pero no es así”, enfatizan.

Los consejos que a veces se proponen a una persona, como “convéncete de eres fuerte” o “eres capaz de conseguir lo que te propongas”, sin entender los motivos que la hacen sentirse débil o le impiden avanzar, equivalen a animar a alguien con un esguince en el tobillo a que camine con firmeza.

Esto es contraproducente, porque primero tiene que sanar la lesión, y solo después caminará sin dificultad, explican.

De modo similar, “decirle a una persona tímida que tiene que ser más empática, a una persona deprimida que tiene que estar más activa, o a unos padres con una hija que se autolesiona que se alejen de las personas tóxicas, resulta ineficaz, contraproducente y produce frustración”, según puntualizan.

Aseveraciones cuestionables

Ibáñez y Jiménez señalan que “hay innumerables consejos y recetas para ser feliz, unos más elaborados que otros. Incluso hay aseveraciones absurdas dadas por expertos, como, por ejemplo, una que asegura que la infelicidad es una parte necesaria de la vida o que la clave para ser feliz es reír con frecuencia”. 

“Seguir el primer consejo, implicaría resignarse a la infelicidad y no buscarle solución. La infelicidad es parte de la vida hasta que se va resolviendo, pero no es necesaria en absoluto”, enfatizan. 

Por su parte, “el hecho de ‘reír con frecuencia’, si no surge de forma espontánea, implicaría forzarse a reprimir las emociones reales que uno tiene y obligarse a estar alegre. Esto lógicamente a la larga va a ser contraproducente. Cuando uno se siente feliz tiende a reírse, pero forzarse a reír no produce felicidad”, añaden. 

“Creer que haciendo lo contrario de lo que te hace infeliz vas a ser feliz, es un error muy común. Otros ejemplos de consejos psicológicos habituales consisten en hacer ejercicio regularmente, alimentarse de forma equilibrada o dormir lo suficiente”, según explican los directores del CPI. 

“Obviamente, no ejercitarse y no dormir ni comer bien puede hacer que te sientas mal, pero hacer lo contrario, si es que puedes lograrlo, probablemente hará que te sientas mejor, con más energía y más saludable".

"Pero no va a resolver tus conflictos psicológicos ni tu inseguridad, ni tus traumas, por lo que tendrá un efecto limitado en tu bienestar”, puntualizan.

Sentimientos sinceros

Añaden que “por otro lado, se dan consejos loables que si se consigue llevarlos a la práctica serían una fuente de bienestar, como ‘ayudar a los demás’, ‘practicar la gratitud a diario’ o ‘ser empático’…”.

“Pero lo cierto es que para ayudar a los demás hay que sentirse realmente empático (no basta con pensarlo y quererlo) y también saber dejarse ayudar, es decir, saber colaborar. Si se actúa sin un sentimiento verdadero de empatía, serán simplemente actos mecánicos que embotarán la sensibilidad y la mente”, apunta. 

La gratitud no es algo que se pueda ‘practicar’, es un sentimiento que surge cuando no hay conflictos, ni orgullo, ni miedo”, según Ibáñez y Jiménez.

“Y para poder ser empático, generoso, agradecido, de verdad, hay que resolver las causas del egocentrismo, la avaricia, la competitividad. En caso contrario sólo serán actuaciones forzadas, actos vacíos que suelen llevar al autoengaño y, por tanto, a más sufrimiento”, explican.

Por otra parte, “rodearse de personas positivas”, otro de los consejos que se suele dar, puede considerarse una invitación a utilizar a los demás, que lleva al egocentrismo, y en muchas ocasiones ni siquiera es factible porque hay relaciones, en el trabajo, la familia, vecinos, que no se pueden elegir”, según estos dos investigadores y conocedores de la mente humana. 

“Tampoco hay que irse al extremo de rodearse de personas negativas. Lo que habría que hacer es aprender a resolver conflictos y relacionarse correctamente con todos, sin ser egocéntrico ni sumiso a los demás”, según recomiendan.

Felicidad e infelicidad

Para Ibáñez y Jiménez “perseguir la felicidad se ha vuelto estresante, porque es imposible lograrla mediante los métodos que suelen aconsejarse. No se puede lograr ser feliz haciendo actividades, efectuándose auto-imposiciones o alcanzando determinados objetivos ya sean externos o internos”. 

“Últimamente se está echando la culpa de la infelicidad a buscar la felicidad, y se invita a las personas a resignarse, a conformarse. El problema no consiste en buscar la felicidad, sino en el modo erróneo que se emplea para intentar conseguirla”, aseguran.

A juicio de los directores de CP “la forma más fácil de entender por qué estos consejos pueden ser, en el mejor de los casos, simples paliativos o inocuos, y en el peor de los casos, contraproducentes, es comprender qué es realmente la felicidad”. 

“Por ejemplo, pasar un buen rato puede darte alegría, pero no es la felicidad. El placer, pasajero y adictivo, no es felicidad”, apuntan. 

Estar sano, bien alimentado, dormir bien, hacer cosas agradables te hará sentirte satisfecho, pero no te garantiza la felicidad. Estar entretenido o sentirse seguro no es felicidad”, añaden. 

La felicidad es un estado más profundo que se va afianzando conforme uno va resolviendo la infelicidad, es decir, todas aquellas cosas que te hacen sufrir”. 

Ser verdaderamente feliz “es el resultado, el efecto, de un proceso de comprensión y aprendizaje de tus problemas, de tus conflictos, de tus traumas y tus miedos, a veces inconscientes. Y también los de los demás”, aseguran. 

Comprender la realidad

“La comprensión profunda de la realidad, y no otras cosas, es lo que trae la felicidad”, recalcan.

Ibáñez y Jiménez sostienen que “una persona no puede cambiar su realidad psicológica por el mero empeño, por decidirlo así o por la fuerza de voluntad, ni va a resolver sus problemas modificando su comportamiento”. 

“Decidir que uno se va a mostrar al mundo como una persona segura y capaz de todo no hará que en verdad lo sea, ni que consiga todo lo que se proponga. El camino es otro. Para poder cambiar hay que entender las verdaderas causas del malestar”, señalan. 

“La única manera de aumentar la felicidad consiste en resolver los conflictos psicológicos que nos hacen sufrir, y para solucionarlos necesitamos comprender su origen, de manera racional y emocional”, enfatizan.  

Raíces interiores

Según estos dos expertos, “factores externos, como el comportamiento de otras personas, las circunstancias de la vida o la genética, son importantes e influyen, pero las verdaderas raíces del malestar son internas: las conclusiones erróneas, la ira, la inseguridad, la competitividad, el miedo a tomar decisiones, al futuro, al rechazo, a la soledad, a la enfermedad, a la muerte, en definitiva, a sufrir”.  

Explican que “problemas psicológicos como la ansiedad, la depresión o el déficit de atención, son efectos” y que “para solucionarlos hay que entender y resolver sus causas”.

“Cualquier abordaje terapéutico de los conflictos psicológicos que se base solamente en cambiar el comportamiento de las personas puede tener algún resultado práctico, pero en el plano psicológico no será eficaz, especialmente a medio y largo plazo”, destacan Ibáñez y Jiménez. 

Explican que “el comportamiento es resultado de otros dos componentes de psique humana, las emociones (parte afectiva) y el pensamiento (parte cognitiva), es decir, lo que uno siente y lo que uno piensa, por lo que la resolución de los problemas psicológicos requiere poner en orden el pensamiento y las emociones”.

El amor, el afecto, la empatía, la alegría, la serenidad, la bondad, la generosidad o la resiliencia, que algunos expertos aconsejan ‘sentir’, ‘fomentar’ o ‘desarrollar’, son sentimientos que van surgiendo como consecuencia de ir comprendido y resolviendo los conflictos. No se pueden generar sin más, eso sería un autoengaño o volverse un farsante”, señalan.

“Los consejos para ser feliz serán eficaces si se centran en comprender y resolver las causas del malestar, resolviendo los errores cognitivos, afrontando adecuadamente las emociones, y tomando el comportamiento como medida de los cambios, en lugar de pretender cambiarlo como objetivo principal”, concluyen.

(Texto: Ricardo Segura)

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