Síndrome de la madre quemada: las señales de agotamiento emocional que muchas mujeres ignoran

La psicóloga Laura Pichardo explica por qué cada vez más mujeres viven agotadas emocionalmente, atrapadas entre la culpa, la sobreexigencia y la presión de ser la “madre perfecta”.

Agotamiento, culpa y sobrecarga: así es el síndrome de la madre quemada que viven muchas mujeres en silencio. (Shutterstock)

Durante mucho tiempo, el cansancio extremo en la maternidad se asumió como algo normal. Dormir poco, vivir agotada, sentirse constantemente saturada o incluso desconectarse de sí misma parecía simplemente parte inevitable de criar hijos.

La idea de que una madre debía poder con todo -sin quejarse, sin detenerse y sin mostrarse vulnerable- terminó convirtiendo el agotamiento en una rutina silenciosa para muchas mujeres.

Sin embargo, cada vez más madres se atreven a hablar de un desgaste emocional profundo que va mucho más allá del cansancio cotidiano. Es lo que hoy se conoce como el “síndrome de la madre quemada”, un estado marcado por la sobrecarga física y mental, la culpa constante y la sensación de vivir al límite.

La psicóloga clínica y terapeuta familiar Laura Pichardo explica que este agotamiento sostenido puede afectar no solo la salud emocional de la mujer, sino también la relación con sus hijos, la vida de pareja y la conexión consigo misma.

Y es que entre la presión social, la autoexigencia y la llamada “carga invisible” que muchas asumen diariamente, numerosas madres terminan relegando sus propias necesidades hasta perder de vista sus límites.

Reconocer el cansancio, lejos de ser una señal de fracaso, puede convertirse en el primer paso para recuperar el bienestar. Pichardo comparte algunas herramientas para aprender a poner límites, practicar el autocuidado y volver a conectar consigo mismas sin culpa.

¿Qué es exactamente el llamado “síndrome de la madre quemada” y por qué cada vez se habla más de este tema?

Con este término nos referimos al conjunto de síntomas físicos y emocionales que experimenta una madre, en el que se evidencia un continuo agotamiento y pérdida de energía vital. Esto surge como resultado a la exposición prolongada de una sobrecarga en la crianza y la falta de recursos de apoyo.

Aunque no es una experiencia nueva, cada vez más se hace conciencia de cómo la posición de cuidadora si bien puede ser muy satisfactoria, también puede ser desgastante y abrumadora. Las mujeres suelen recibir altos niveles de exigencia social sobre lo que se espera de sus roles, siendo la maternidad uno de los más demandantes.

¿Cuáles son las señales emocionales y físicas más comunes que indican que una madre está llegando al agotamiento extremo?

Cada mujer es diferente por lo tanto la experiencia de cada una es única. Debemos cuidarnos de generalizar que todas las madres agotadas se ven iguales. Algunas de las manifestaciones que pueden evidenciarse pueden ser:

A nivel emocional, muchas madres experimentan sentimientos de culpa, dificultad para disfrutar el presente, sobrecarga mental, tristeza, frustración e irritabilidad.

En cuanto a las manifestaciones físicas se pueden evidenciar tensión corporal, alteración del hábito de sueño y alimentación, dolor de cabeza, fatiga y problemas gastrointestinales.

Muchas mujeres sienten culpa incluso al admitir que están cansadas de maternar. ¿Por qué ocurre esto?

La culpa es una emoción que en gran medida se construye a partir de la tendencia social a romantizar o idealizar el rol de la figura materna.

Desde temprana edad, las niñas van construyendo una idea de lo que se espera de su rol como madre, siendo el sacrificio y la abnegación los pilares que lo sostienen.

Más adelante, en la vida adulta estas ideas se afianzan por la continua retroalimentación del entorno, esto incluye familiares, amigos y la influencia de las redes sociales.

Al llegar a la maternidad, muchas mujeres experimentan la culpa de ser juzgadas por no cumplir lo que se espera de su rol. Incluso viven culpa al reconocer en sí mismas sentimientos o actitudes que entienden como “no apropiadas” como madres.

Desde este lugar las madres suelen verse a sí mismas con poca compasión y altos niveles de exigencia.

¿Cómo influye la presión social de ser una “buena madre” en el desgaste emocional de muchas mujeres?

La presión social puede llevar a una madre a vivir desde un alto nivel de sobre exigencia, sin reconocer sus límites y necesidades. Es una trampa que la lleva al desgaste y a querer ejercer su rol desde una posición idealizada y perfecta que no admite errores, descanso y vulnerabilidad.

Para poder cuidar, sostener y apoyar a otros, una madre primero necesita estar bien y sostenerse a sí mismaLaura PichardoPsicóloga clínica y terapeuta familiar

¿Crees que aún se subestima socialmente el impacto emocional de la carga invisible que asumen muchas mujeres?

Totalmente. Y no solo se subestima por el entorno, entiendo que muchas mujeres minimizan el nivel de desgaste que llevan en el día a día. Viven con un nivel de carga mental donde continuamente están atendiendo muchas necesidades a la vez y respondiendo de forma automática a todo lo que se espera de ella.

Recibo muchas mujeres en consulta que les cuesta reconocer en sí mismas el nivel de cansancio extremo con el que viven, debido a que este estado se ha convertido en su normalidad.

¿Qué impacto puede tener este agotamiento en la relación de la madre con sus hijos, pareja y consigo misma?

Evidentemente vivir en un estado prolongado de agotamiento afecta a la madre en los distintos vínculos que establece. En la relación con sus hijos se puede percibir continuamente agotada, saturada e intolerante.

Como consecuencia de este estado, puede manifestarse cierto distanciamiento emocional, que genera sentimientos de culpa y malestar.

En cuanto a la vida de pareja, esta suele verse bastante reducida, con pocos espacios para alimentar la relación conyugal y la sensación de desgaste de la relación. Igualmente, puede verse afectada por resentimiento debido a la sensación de falta de equidad en la repartición de carga.

De igual manera, en la relación consigo misma, se evidencia una desconexión de sus propias necesidades, experimentando pérdida de su propia identidad.

¿Cómo puede una madre empezar a poner límites y priorizar su bienestar sin sentir que está fallando?

El camino inicia reconociendo el agotamiento que experimenta y la necesidad de tomar acción para vivir desde un lugar de mayor bienestar.

Antes de iniciar a poner límites, es importante que la madre pueda reconocer las ideas que ha internalizado sobre la maternidad y cómo estos conceptos están limitando su forma de ejercer su rol y vivir las distintas dimensiones de su vida.

En este sentido, colocar límites y autocuidarse es un acto de responsabilidad consigo misma. Para poder cuidar, sostener y apoyar a otros, primero necesita estar bien y sostenerse a sí misma.

¿Qué papel juegan la pareja, la familia y la red de apoyo para prevenir el agotamiento materno?

Juegan un papel crucial para favorecer a que la carga sea repartida y la madre pueda tener momentos de disfrute, descanso y placer. En el caso de la pareja, más que un apoyo, es importante la responsabilidad compartida de la crianza.

Hábitos para volver a conectar contigo misma

Desde pedir ayuda hasta practicar la autocompasión, Laura Pichardo recomienda pequeñas acciones cotidianas que pueden ayudar a las madres a recuperar su bienestar emocional y reconectar con su identidad más allá de la crianza.

  • Momentos intencionales y conscientes consigo mismas: esto puede ir desde el café que se bebe en la mañana, un momento en la ducha o una salida especial, lo importante es colocar la atención plena en lo que hace y que todos sus sentidos estén disponibles para disfrutar de la experiencia.

  • Pedir ayuda: lo cual favorece a reconocer cuando se sienten saturadas y repartir la carga.

  • El journaling o escritura: esta herramienta puede ser una gran aliada para desahogar sentimientos y pensamientos. 

  • Practicar la autocompasión: es válido no poder con todo a la vez, sentirse agotada y necesitar un descanso. Es mirarse en el día a día desde su condición humana. La autocompasión nos ayuda a romper con la autoexigencia y perfeccionismo. 

  • Alimentar su proyecto de vida: para muchas madres sus hijos se convierten en su gran proyecto por lo que una parte de ellas queda anulada. Nutrir su proyecto personal favorece a fortalecer su identidad y su autoestima. 

  • Buscar ayuda profesional: es válido permitirse acompañar por un experto que le apoye a desarrollar herramientas para una gestión más saludable de su rol.

Periodista, con más de 30 años de experiencia en revistas. Licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad de Navarra, España. Actualmente, dirige la sección Revista de Diario Libre en la República Dominicana.