Señales de deshidratación en niños (y cómo prevenirlas)
Los niños son más sensibles al calor que los adultos y pueden perder líquidos con mayor rapidez al sudar, jugar al aire libre o cuando presentan fiebre
El verano en República Dominicana está cada vez más cerca y, junto con él, también llegan las habituales nubes de polvo del Sahara. Esta combinación suele traer una sensación de calor más intensa, lo que puede aumentar el riesgo de deshidratación en los niños, especialmente en bebés y menores de cinco años.
Aunque la deshidratación puede ocurrir en cualquier momento del año, durante los meses más cálidos es importante estar más atentos. Los niños son más sensibles al calor que los adultos y pueden perder líquidos con mayor rapidez al sudar, jugar al aire libre o cuando presentan fiebre.
Por eso, reconocer las señales de alerta y mantener una buena hidratación resulta fundamental para proteger su salud durante esta temporada.
¿Por qué el polvo del Sahara puede influir?
Las concentraciones elevadas de polvo sahariano suelen venir acompañadas de un ambiente más seco, cielos brumosos y una sensación térmica que puede resultar agobiante.
Además, las partículas suspendidas en el aire pueden irritar las vías respiratorias, provocando molestias que lleven a algunos niños a respirar con mayor rapidez o a reducir su consumo habitual de líquidos.
Si bien el polvo del Sahara no causa deshidratación de forma directa, sí coincide con condiciones ambientales que pueden favorecer una mayor pérdida de agua corporal, especialmente cuando se combina con las altas temperaturas propias del verano dominicano.
Señales de deshidratación en niños
Reconocer los primeros síntomas es fundamental para actuar a tiempo. Entre las señales más comunes se encuentran:
- Sed constante o inusual.
- Boca y labios secos.
- Menor producción de saliva.
- Orina más oscura de lo habitual.
- Menor frecuencia al orinar.
- Cansancio o falta de energía.
- Irritabilidad o cambios repentinos de humor.
- Dolor de cabeza en niños mayores.
- Sensación de mareo o debilidad.
En el caso de los bebés, hay que estar atentos a señales como:
- Menos pañales mojados de lo normal.
- Llanto sin lágrimas.
- Ojos hundidos.
- Fontanela (la parte blanda de la cabeza del bebé) ligeramente hundida.
- Somnolencia excesiva.
- Dificultad para despertarse o mantenerse alerta.
- Rechazo persistente de líquidos o alimentos.
Consejos para prevenirla
La mejor forma de proteger a los niños de los efectos del calor es adoptar algunas medidas sencillas que ayudan a mantenerlos frescos e hidratados.
1. Darles líquidos con frecuencia
No esperes a que el niño diga que tiene sed. Los niños pequeños pueden distraerse jugando y olvidar beber agua. Ofrece líquidos regularmente durante el día.
2. Priorizar el agua
El agua debe ser la bebida principal para los niños que ya tienen edad suficiente para consumirla. Las bebidas azucaradas pueden no ser la mejor opción para una hidratación adecuada.
3. Incorporar alimentos ricos en agua
Frutas como sandía, melón, piña, naranja y mango, así como vegetales frescos, pueden contribuir al aporte diario de líquidos.
4. Evitar la exposición prolongada al sol
Procure que las actividades al aire libre se realicen durante las horas de menor calor, generalmente antes de las 10 de la mañana y después de las 4 de la tarde.
5. Vestir ropa ligera
Las prendas frescas, de colores claros y tejidos transpirables, como el algodón, el lino o la seda, ayudan a mantener una temperatura corporal más confortable.