La mastitis, una condición de salud que puede ser causa de una emergencia médica
Dolor intenso, fiebre y enrojecimiento en una de las mamas pueden ser señales más comunes
La lactancia materna ofrece múltiples beneficios para la madre y el bebé, pero también puede presentar desafíos que requieren atención médica. Uno de ellos es la mastitis, una inflamación del tejido mamario que, aunque suele asociarse a la lactancia, también puede afectar a mujeres que no están amamantando.
El doctor Francis Aquino, gineco-obstetra y subespecialista en oncología ginecológica de Médico Express, explica que esta condición se produce con frecuencia cuando la leche se acumula en los conductos mamarios y la mama no logra vaciarse por completo.
"La causa principal es la retención o estancamiento de leche. Cuando las tomas son poco frecuentes, el bebé no tiene un buen agarre o la madre presenta una producción excesiva de leche, se favorece la inflamación del tejido mamario", señala el especialista.
A este proceso puede sumarse una infección bacteriana. Las bacterias, principalmente estafilococos, suelen ingresar a través de grietas o pequeñas lesiones en el pezón, convirtiendo una inflamación inicial en una infección que requiere tratamiento médico.
Más allá de la lactancia
Aunque es más frecuente durante las primeras semanas del posparto, la mastitis también puede aparecer en mujeres que no están lactando.
En estos casos, puede estar relacionada con infecciones que ingresan por heridas, perforaciones en el pezón o lesiones en la piel, así como con la obstrucción de los conductos mamarios por cambios hormonales, secreciones espesas o ectasia ductal.
Aquino agrega que existen factores que aumentan el riesgo de desarrollarla, entre ellos el tabaquismo, la diabetes, un sistema inmunológico debilitado, traumatismos en la mama y el uso de ropa o sujetadores demasiado ajustados.
¿Cuándo acudir al médico?
Los síntomas suelen aparecer de forma repentina y afectan, por lo general, una sola mama.
El cuadro incluye dolor intenso, inflamación, enrojecimiento, con frecuencia en forma de cuña, aumento de temperatura en la zona afectada y la presencia de un área endurecida o un bulto doloroso. También puede presentarse sensación de ardor durante la lactancia.
A estos signos se suman manifestaciones generales como fiebre superior a 38 grados Celsius, escalofríos, cansancio extremo, dolor de cabeza, náuseas y un malestar similar al de una gripe.
Aunque la mastitis no siempre constituye una emergencia inmediata, el especialista advierte que no debe subestimarse.
"Si no se trata oportunamente, la infección puede evolucionar hacia un absceso mamario que requiera drenaje quirúrgico. En situaciones poco frecuentes, las bacterias pueden diseminarse y provocar una sepsis, una complicación potencialmente grave", explica.
Continuar amamantando favorece la recuperación
Cuando se presenta la mastitis, pegar al bebé es un acto desafiante, ya que se presenta un dolor intenso agudo y punzante los primeros minutos de la toma. Luego mejora.
Entrar en miedo y detener la lactancia en el seno con el malestar es uno de los errores más frecuentes, porque podría empeorar, mientras que continuar acelera la recuperación porque vacía la mama, asegura el doctor Aquino.
Indica que el tratamiento incluye mantener tomas frecuentes, aplicar compresas tibias antes de amamantar, realizar masajes suaves para favorecer el flujo de leche, descansar, mantenerse bien hidratada y utilizar analgésicos compatibles con la lactancia cuando el médico lo indique.
Si existe infección bacteriana, será necesario completar el tratamiento con antibióticos, cuyos efectos suelen comenzar a notarse entre las primeras 24 y 48 horas. No obstante, la recuperación total puede tomar varios días y el tratamiento debe cumplirse hasta el final, aunque los síntomas desaparezcan antes.
Malestar general
Además de las molestias físicas, la mastitis puede afectar el bienestar emocional de la madre.
El dolor, la fiebre y el agotamiento dificultan el descanso y el cuidado del recién nacido. Muchas mujeres experimentan ansiedad, frustración o temor de no poder continuar con la lactancia, especialmente cuando el diagnóstico retrasa el establecimiento de una rutina con el bebé.
"Es una condición que impacta la salud física, mental y familiar. Si obliga a suspender la lactancia antes de lo deseado, también puede afectar emocionalmente a la madre", señala Aquino.
Cómo prevenir
Aunque no siempre puede evitarse, adoptar algunas medidas reduce significativamente el riesgo de desarrollarla:
- Asegurar un buen agarre y una correcta posición del bebé desde el inicio de la lactancia.
- Amamantar a libre demanda y procurar vaciar adecuadamente ambas mamas.
- Alternar las posiciones durante las tomas.
- Tratar de inmediato las grietas o lesiones en los pezones.
- Evitar sujetadores o prendas que ejerzan presión sobre las mamas.
- Mantener una buena hidratación, alimentación equilibrada y descanso suficiente.
El cartel de la duda: El negocio de convencerte de que "no tienes leche"
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